viernes, 23 de septiembre de 2011

Quiero ir a la playa



Faro de Bucerías
¿Qué habrá sido de las playas que visitaba yo de niño? ¿Cuál es el imparto ecológico que tuve entonces y tengo ahora? Entonces viajaba en autobús, llegaba con toda mi familia a una terminal de autobuses y emprendíamos una aventura que acababa frecuentemente en Puerto Vallarta, en San Blas, en La Tovara, en Rincón de Guayabitos, en Los Ayala, en Novillero, en el Faro de Bucerías (todas en Nayarit), o en otros estados: en Mazatlán (Sinaloa), en el Faro de Bucerías (Michoacán), en Puerto Escondido (Oaxaca), en Zihuatanejo (Guerrero) y del otro lado del mar de Cortés, en los Cabos o en Pichilingue (Baja California Sur), o del otro lado de México, en Cozumel o en Akumal (Quintana Roo).
Recuerdo que acampábamos mucho o nos quedábamos en hoteles baratos, pues era parte de la aventura, mi madre prefería gastar en eso el presupuesto familiar en vez de viajar menos pero con más comodidades. De hecho podría decir que en vez de lujos teníamos libros y viajes, en vez de cosas, experiencias.
Los Ayala era especial porque la bahía era muy cerrada y el oleaje tranquilo, así que nos metíamos en una lancha inflable hasta el centro y veíamos como debajo de nosotros pasaban las mantarrayas. Allí comprábamos pescado directamente de las lanchas de los pescadores y lo hacíamos ahumado en una fogata junto a la tienda de campaña. No usábamos bronceador, ni repelente contra los mosquitos, y los remedios universales eran la aspirina y el jugo de limón.
Teníamos un equipo para acampar francés, de segunda mano, que mi madre le compró a una amiga suya, y algunas otras cosas que trajimos de “importación” desde La Paz, como un equipo de aletas y esnórquel italiano que nos robaron en Puerto Escondido abriendo la tienda con un cuchillo para ver que sacaban.
No sé cómo se construyó semejante vida y de donde salía dinero suficiente para todo, la verdad. Mi madre era profesora universitaria y no ganaba tanto, pero siempre que había un par de días libres salíamos a algún lado.
Después de eso fui mucho a Zipolite, Mazunte, Huatulco y demás playas oaxaqueñas, pero todavía sueño con ir a lugares que no conozco, o no recuerdo: Campeche, la Laguna de Términos, Bacalar, Xilitla…
No me arriesgaré a decir que mi vida fue mejor que otras gracias a esos viajes de mi infancia, pero sí puedo afirmar que definieron al que soy ahora y como construyo mi relación con el mundo, y por eso, desde mi pequeña dimensión de turista de la ciudad de México, deseo que se resuelva el horror cotidiano de las carreteras: ahora resulta familiar escuchar que a alguien que fue de paseo por tierra a Ixtapa le tocó un retén de los Zetas y perdió la vida. No imagino lo que será vivir así todo el tiempo, entre masacres, toques de queda y amenazas constantes. Qué triste.
Espero que las narraciones sean exageradas, y sobre todo, no confirmar lo contrario en carne propia.

2 comentarios:

Osvaldo dijo...

Todo aquel que vaya a México le recomiendo asistir al estado de Mazatlán, tiene mucha vida, lindas playas y muy buenos paisajes. Alquílense uno de los bellos hoteles en mazatlán y disfruten de los paisajes

nayar rivera dijo...

Yo recuerdo poco de Mazatlán, pero acaba de salir un número dedicado a Sinaloa en México Desconocido y se ve realmente interesante. ¡Saludos!