miércoles, 22 de junio de 2011

100 años de la sede de la Biblioteca Pública de Nueva York


El león "Paciencia"
“Casi el paraíso” es el título de una novela de Luis Spota, pero también podría ser el nombre de la exposición que celebra los 100 años de vida del edificio principal de la Biblioteca Pública de la ciudad de Nueva York.
La exposición conmemorativa, curada por Thomas Mellins, es tal vez pequeña en tamaño, pero parece la cueva de Alí Babá: 250 objetos que representan miles de años de cultura de todos los tipos y niveles, nos guían sin transición de lo extraordinario a lo cotidiano y generan en el espectador un estado casi místico de asombro ante el poder de las palabras y los símbolos para la humanidad, y ante el valor de una sola biblioteca capaz de resguardar tales tesoros.
La exposición se abre en un pasillo central con tablillas sumerias de escritura cuneiforme que datan de hace 4,300 años, seguidas de la primera Biblia Latina de Gutenberg que se compró en América, en 1874. La exposición se rige por cuatro ejes temáticos que se intersectan: Observación, Contemplación, Creatividad y Sociedad, en donde se agrupan objetos variopintos que nos llevan de sorpresa en sorpresa.
En el área de sociedad hay desde una edición en ruso de El Capital hasta el folleto “abogado de bolsillo” de la sociedad Mattachine “Qué hacer en caso de ser arrestado”, en los albores del movimiento de los derechos civiles de los homosexuales en Nueva York; una capucha del Ku Kux Klan; un retrato japonés del siglo XIX de un hombre vestido con ropa occidental; un ejemplar de “Mi lucha” de Hitler; una carta de Cristobal Colón de 1493; una boleta de voto de las primeras elecciones post-apartheid en South Africa…
En la sección de observación: un Mapa de la Sierra Gorda y Costa del Seno Mexicano desde la Ciudad de Querétaro de 1763 de José de Escandón; reproducciones de Mariposas de Eugène Alain Seguy; mapas del mundo según Ptolomeo del Renacimiento, el Mysterium Cosmographicum de Johannes Kepler de 1596…
"Loros de Carolina", de Jean Jacques Audubon
En contemplación: la última página escrita por Virginia Woolf en su diario antes de morir, el 24 de marzo de 1941 (parte de la más grande colección de manuscritos de Virginia Woolf); una Divina Comedia de 1512; una edición de la Ciudad de Dios de 1470-80; el diario del activista norteamericano Malcolm X de su viaje a La Meca en 1964; el borrador de The Waste Land con anotaciones de la mano de Ezra Pound…
En creatividad: “El manuscrito de Borges de La lotería en Babilonia”, un diseño de la Villa Cappra de Andrea Palladio de 1570; un rollo de seda pintada de la Novela de Genji de 1580…
Portada conmemorativa del Centenario de la Biblioteca en la revista The New Yorker
Hay además un autorretrato de Diego Rivera de 1930, otro de Francesco Clemente de 1982, una sección dedicada al arte de los libros que incluye una primera edición del libro “Dla Golosa” (“Para la voz”) de Vladimir Mayakovsky editado por El Lissitsky, una primera edición de El Zar Saltán de Pushkin ilustrado por Bilibin en 1905, un mechón de pelo de Mary Shelley y una partitura de Bethoveen, en fin, en una sala cabe un mundo.
“Si el diablo en persona escribiera un libro, querríamos tenerlo en la biblioteca”, dijo una vez Edwin Hatfield Anderson, director de la biblioteca entre 1913 y 1934. Y bajo la premisa de que todo el conocimiento es digno de ser preservado se construyó está colección. Si bien algunos críticos consideran que la exposición no tiene un criterio curatorial claro, si algo queda claro es la pasión y la vocación por englobar el mundo de la biblioteca.
La biblioteca, como institución, es una de las cinco más importantes del mundo (las otras son la Biblioteca del Congreso de Washington, la Biblioteca Británica, la Biblioteca Nacional de Francia y la Biblioteca Nacional de Rusia), pero es la única que no fue creada por un Estado, y custodia más de 50 millones de artículos. Nació en 1895 y se constituyó esencialmente de inmensas colecciones privadas. El edificio sede fue diseñado por John Merven Carrère y Thomas Hastings y es uno de los pocos edificios Beaux-Arts de la ciudad. El vestíbulo claro de doble altura, los murales, los techos inmensos y altísimos, las paredes de mármol de Vermont o madera labrada, incluso el edificio interior añadido en uno de los patios, diseñado por Davis Brody Bond Aedas, todo tiene un aire de majestad imperial. Sin embargo, no es un edificio solemne: la gente, además de leer, toma sus fotos, atiborra las salas de lectura, renta el edificio para hacer fiestas o filmaciones, visita las exposiciones, se adueña del lugar del todas las formas posibles.
La ubicación del edificio, en la esquina de la Calle 42 y la 5ª Avenida, lo convierte en una especie de centro simbólico de Manhattan. Atrás del edificio está Bryant Park, un parque urbano de talla íntima, rodeado de plátanos de copas translúcidas que le dan un aire europeo. Los leones que custodian la entrada se han ganado sus nombres extraoficiales: Fortaleza y Paciencia; son su emblema y se han popularizado como rostros amigables de la biblioteca, personajes que leen con los niños y custodian la cultura de una ciudad que se precia de cambiar constantemente el significado de esa palabra.

Ver en Territorio liberado



2 comentarios:

. dijo...

Yo estuve en la exposición y fue simplemente fantástica, tanta y tan diversas manifestaciones del espíritu humano me conmovieron tremendamente. Uno de los diez lugares imperdibles de Manhattan.

Mis felicitaciones a los curadores.

nayar rivera dijo...

Excelente, de verdad, saludos.