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sábado, 11 de junio de 2011

Ciudad de verano


Hoy la ciudad está afuera, festejando entre ruidos y gritos, coches y flores, y yo quiero dejarme llevar por el regocijo: ¡grita, ciudad, el verano inminente!
¡Grita la vida del sol de desierto y las sombras espesas de los camellones! ¡Gritan los pregones, los policías, las grúas, las mezcladoras de cemento! ¡Pase! ¡Pase! ¡A los departamentos nuevos, al metrobús, a los anuncios espectaculares! ¡Pásele a su calle, a su fonda, al pollo rostizado, a la pizza, a la torta del gallo, al pan de oferta!
Y la ciudad le pasa por la alfombra malva de las jacarandas, se expande debajo de los truenos, de las palmeras, de los pinos, pasa trasnochada y despelucada, gordita y con demasiado maquillaje, cómoda con su ramillete de bocinazos, apurándose a llegar al metro y a la bicicleta y al segundo piso, ciudad rumorosa que brinca de la moda de la restauración afrancesada a la moda de las casa de block de concreto sin repellar ciudad de empuje, cada vez más movida, cada más visible, humana, contradictoria, personal.