domingo, 8 de agosto de 2010

Costumbres del ojo 4┇ Apuntes para una lectura analógica de Viernes o los limbos del Pacífico

(ver en Territorio Liberado)
1. Frente a un Ulises en el que el hipotexto funciona como metáfora, en Viernes o los limbos del Pacífico Michel Tournier retoma la anécdota del relato de Defoe, pero el nuevo Robinson Crusoe es un ser en busca de su identidad. Es “la destrucción de toda traza de civilización en un hombre sometido a la prueba decapante de una soledad inhumana”. La construcción de un orden civilizado tiene solo un carácter transitorio pero insuficiente para mostrar las etapas de construcción de una vida propia: “Entonces fue cuando una estatua de barro se animó a su vez y resbaló entre los juncos. Robinson no sabía ya cuanto tiempo hacía que había perdido su último harapo en las espinas del breñal. Por otra parte, ya no temía el ardor del sol porque una costra de excrementos secos cubría su espalda, sus flancos y sus muslos. Su barba y su pelo se entremezclaban y su pelo desaparecía en esa maraña hirsuta. Sus manos, convertidas en muñones ganchudos, no le servían más que para caminar, porque era presa de vértigo cada vez que trataba de ponerse en pie”.

2. Las huellas de la cultura, la permanencia del lenguaje, el marasmo del fango de la memoria, el anacronismo de la vida, el capital como sistema de aprehensión del mundo: “Compruebo hoy la locura y la maldad de los que calumnian esta institución divina: ¡el dinero! El dinero espiritualiza lo que toca otorgándole una dimensión a su vez racional –mensurable- y universal –puesto que un bien acuñado se vuelve virtualmente accesible a todos los hombres. La venalidad es una virtud cardenal. El hombre venal sabe hacer callar sus instintos homicidas y asociales –sentimiento del honor, amor propio, patriotismo, ambición política, fanatismo religioso, racismo- para no dejar hablar otra cosa que su propensión a la cooperación, su placer por los cambios fructíferos, su sentido de la solidaridad humana”.

3. La muerte de las falsas dicotomías, la traición entendida como libertad, la deconstrucción de la civilización, la fuerza del caos del falso demiurgo opuesta al orden natural, el sentido de la domesticación entendida como amor frente a la convivencia jerárquica en el rebaño y entre las especies, la negación, el tiempo “ciclofrénico” de continuidad indiferenciada de Urano, el tiempo “esquizofrénico” de aislamiento egocéntrico de Cronos y el reino luminoso y equilibrado de Júpiter (Calvino), la desintegración de los procesos civilizatorios: “Lo que cambia en el curso de un proceso civilizador es ante todo la pauta de su autorregulación del tiempo. Hoy en día el proceso de un modelo civilizador es bien conocido. Por ejemplo, se considera a veces punto central de este proceso un aumento y reforzamiento continuo de las autocoacciones. Pero esto da lugar a equívocos y no falta quien caiga en ellos. Ahora bien, tal interpretación de la teoría sugiere la idea de que en las sociedades más simples las autocoacciones o no existen o son débiles, y de que las descargas del afecto y del instinto tienen la misma intensidad en todos los ámbitos de la vida, cuando en realidad las actitudes sociales en sociedades más sencillas se caracterizan por ser desiguales y discontinuas. Así, en ciertas situaciones de la vida, las autocoacciones poseen una intensidad y una dureza sin parangón con los autocontroles socialmente inducidos de miembros de sociedades más desarrolladas. Y al contrario, en otras situaciones dejan vía libre a descargas instintuales y afectivas que por su fuerza y espontaneidad desbordan las pautas de conducta que se consideran aceptables en sociedades más desarrolladas”.

4. El reencuentro de la piel, la construcción de la melanina, la visibilidad de la sangre a través de las venas de la piel lechosa del brazo, la calidad arbórea del cuerpo, la tensión dinámica de las rodillas de Viernes estableciendo un dominio aparente sobre las fuerzas de la gravedad, de la inercia y de la pasividad, el reconocimiento de lo humano por la palpación del rostro, la piel que muestra una mecánica natural del cuerpo ante la mecánica humana de dominio de la naturaleza: “La pupila palpita bajo la acción variable de la luz, graduando exactamente su diámetro según la luminosidad ambiente, a fin de que la retina esté siempre igualmente impresionada. En la masa transparente del iris se anega una ínfima corola de plumas de vidrio, un rosetón intacto, infinitamente precioso y delicado. Robinson está fascinado por este órgano tan finamente compuesto, tan perfectamente nuevo y brillante. ¿Cómo semejante maravilla pudo ser incorporada a un ser tan grosero, ingrato y vulgar? Y si en ese preciso instante descubre por casualidad la pasmosa hermosura anatómica de los ojos de Viernes, ¿no debe preguntarse honestamente si el araucano no es íntegramente una adición de cosas igualmente admirables que él ignora nada más que por ceguera?
Robinson da vueltas y vueltas en sí mismo a esta pregunta. Por primera vez vislumbra nítidamente, bajo el zambo grosero y estúpido que lo irrita, la existencia posible de otro Viernes, -como ha sospechado hace tiempo, mucho antes de descubrir la gruta y la ladera, otra isla, escondida bajo la isla administrada”.

5. La piel voladora, la osamenta que canta, el arte sustituto del trabajo, el devenir continuo, el imperio del instante sin imposición, el descubrimiento de signos, la invención de signos, la desintegración de signos, la desinformación de la conciencia, la renovación del cuerpo: “Compartía con Viernes juegos y ejercicios que antiguamente habría juzgado incompatibles con su dignidad. Fue así que no se dio descanso hasta no aprender a caminar sobre las manos tan bien como el araucano”. “Soñaba con la metamorfosis de su cuerpo en una mano gigante cuyos cinco dedos serían cabeza, brazos y piernas”

6. El mito del eterno retorno, el eterno retorno de los mitos, la piel del mito superpuesta a la piel de la novela, el palimpsesto, el culto solar, el culto telúrico, la fornicación con la tierra, las mandrágoras blancas y rayadas y la barba que echa raíces, la sexualidad elemental (dirigida a un elemento) transformada en amores uranianos, en el nacimiento en el huevo de Leda de los gemelos unánimes frente a los mellizos pluránimes: “Son Dióscuros, seres caídos del cielo como meteoros, nacidos de una generación vertical, abrupta. Su padre, el sol, los bendice y su llama los envuelve y les confiere la eternidad” (p. 193). La divinidad como manifestación de la potencia de la vida, la prevalencia del ser sobre la verdad, la relatividad absoluta de las causas de la mente: “Robinson imaginaba sin cesar el diálogo que acabaría por oponerle a uno de esos hombres, el comandante, por ejemplo. “¿Para qué vives?”, le preguntaría. Evidentemente, Hunter no sabría que responder, y su único recurso sería entonces devolverle la pregunta al Solitario. Entonces Robinson le mostraría la tierra de Speranza con su mano izquierda, mientras su mano derecha se alzaría hacia el sol. Después de un momento de estupor, el comandante estallaría forzosamente en risas, con la risa de la locura ante la sabiduría, porque, ¿cómo concebiría él que el Astro Mayor es otra cosa que una llama gigantesca, que en él existe el espíritu y que tiene el poder de impregnar de eternidad a los seres que saben abrirse a él?”

7. El descubrimiento de la ironía, la risa incontenible de Viernes frente a la ballena de Jonás que no retrata su propia situación, el contenido de verdad como lo entiende Benjamin entrevisto en la escritura virtual de un ensayo sobre la obra de Michel Tournier, el camino del sentido, la devolución del lenguaje, la forma de la novela como estilo más allá del estilo, como sostén luminoso de lo permanente (Ionesco), la reverberación de la historia, de la fábula y del momento histórico de la leyenda del naufragio civilizado como la entendió Defoe, el reencuentro con la narración, la devolución del mito al flujo de la escritura, la voluntad de vida, de la constatación de los sentidos, la poética del agua, la recuperación del misterio, la fecundación del papel.

Hijo pródigo de la tradición narrativa occidental, Michel Tournier hace generación en los años setenta con Patrick Modiano y Jean-Marie Le Clézio. Aunque nació dos años antes que Michel Butor y dos años después que Alain Robe-Grillet (el 19 de diciembre de 1924), Tournier no teme reencontrarse con los viejos modelos narrativos atacados en el siglo XX. Filósofo, germanista, alumno de Lévi-Strauss, Tournier juega con mitos y relatos preexistentes a los que invierte el sentido, alternando entre lo fantástico y lo real, para insertarlos en el mundo actual.

Imagen: Mandrake. John Gerard (1545-1612) incorporated New World plants in his Herball, or Generall Historie of Plants, en su contexto, click

Costumbres del ojo 3┇ Tarkovski en la Zona

(ver en Territorio liberado)
"Stalker" es una gran película porque juega con las convenciones de los géneros cinematográficos, acumula imágenes y diálogos significativos en un ensayo visual de factura nunca antes vista.

Si reina un día fuera, dijo la hermana primera… Y se condujo del otro lado de la valla y las ametralladoras donde aguarda, pasmosa e inmaculada, la Zona, la cámara de los deseos, el país del sentido. La Zona se autogenera, está llena de trampas que cambian a cada instante, es el espacio de la irracionalidad donde imperan el deseo y la desconfianza. La luna se puso roja, dos hombres hablan de la desesperanza y el guía, en cambio, teme más por el sentido de sus vidas que por sus mismas vidas.

Estamos en presencia del Profesor y del Escritor, la ciencia y el arte, los dos grandes mitos del siglo XX. Y frente a ellos, junto a ellos, desapercibido hasta ahora, está uno que sólo roza los milagros, pero no pretende saber nada de ellos. No quiere nada, no busca entrar directamente al cuarto donde se cumplen los anhelos. En cambio, se mueve entre los mundos. Es un stalker, alguien que acecha, que merodea, uno que sabe más de la pausa y del silencio, que ve de cerca y también de lejos, que desconfía. Un perro negro y flaco, especie de retrato de Anubis (el dios que guía las almas de los muertos en la mitología egipcia), viene por él, se acurruca a su lado, lo guía hasta el inframundo y luego sale de él y extiende la Zona hacia el resto del mundo.

El filme empieza como una historia de acción realmente aburrida. Hay una Zona donde cayó hace tiempo un meteorito, una región vigilada, aislada, temida, abandonada a su suerte, y un guía que da nombre a la película: Stalker. Desde afuera se dice de él: ha estado en la cárcel, ha padecido la desgracia de ser adicto a la Zona, tiene una hija mutante. En Texas sería un caza recompensas, un sobreviviente, una especie de Woody Harrelson en un país de zombis post-apocalíptico.

Pero ese personaje, esa película, es sólo la puerta de entrada a la verdadera película, la que ocurre frente a nuestros ojos de la manera menos obvia, y que sólo por momentos explota en unos cuantos segundos: una serie de recipientes que brillan pálidamente entre los despojos, donde hay peces, piedras, pistolas, bombas, jeringas, bolsas, monedas, íconos, trapos, baldosas, restos de viejas máquinas, el agua que lo cubre todo dejando ver el fondo y el reflejo, lo visible y lo pertinente.

Andrei Tarkovski se eleva sobre toda discusión acerca del sentido, y lo expresa en un todo coherente y expansivo que estira al máximo la capacidad del cine de combinar la fuerza y la belleza de las imágenes fijas y en movimiento, las palabras, los objetos y seres retratados, logrando un nuevo producto artístico. Tarkovski logró así integrar los elementos múltiples de la que consideraba la más exigente de las artes. Aunque se decía enemigo de las categorías y los géneros, es precisamente en la mezcla de discursos distintos de diferentes niveles y géneros donde se evidencia más claramente su genio.

La suya es una obra abierta como la definió Umberto Eco, que permite la acumulación de capas de sentido y las lecturas correspondientes. Al no abandonar nunca verdaderamente las convenciones del género del cine fantástico, destacan más las elecciones realizadas para trascender el proceso de elaboración artística y cumplir con su propósito explícito: reflejar la vida en el arte.

Así había sucedido con "Solaris", filme que sin embargo no era de sus favoritos por su lado “comercial”. Pero a diferencia de esa cinta y de "El espejo", en donde aparentemente logra liberarse de toda constricción, "Stalker" se muestra redondo porque vuelve por momentos al punto de partida: de la escena en la cama con la niña dormida en un cuarto desvencijado pasamos a la Zona y de nuevo al cuarto, pero ahora vemos una nueva dimensión: el espacio aparentemente vacío y empobrecido se desborda en realidad de libros, de esperanzas y de fe. Lo dice el guía, y lo confirma a su manera su mujer, hablando directamente hacia el espectador. Por último, se confirma la profecía sorda del perro que sirve de mensajero entre los mundos: la niña, la hija del guía, ha heredado la vibración del tren y el poder de la zona, y aunque no puede caminar, es capaz, en cambio –en la mejor tradición de los hombres X–, de mover objetos con la fuerza de su voluntad.

Se me antoja usar esta película para hacer una asociación libre con el poema de Sylvia Plath Olmo. Clic aquí. En este otro enlace se pueden ver varias películas de Tarkovski, clic.

Imagen de "Stalker" en su contexto original.

Costumbres del ojo 2┇ Está entre nosotros

(Ver en Territorio liberado)
1. El miedo vive en un nicho oculto junto a nosotros, casi al alcance, pero intocable, imposible de definir. El miedo se alimenta de lo latente, corresponde a una realidad pasmosa que se tiende detrás de la superficie suave de las palabras, los gestos y las acciones. Es un sentimiento independiente, sin motivo previo, una construcción fina de la razón que desplaza e imita las potencias del cuerpo.

Encuentro el miedo en lugares inesperados, lejos de todo intento específico, de toda categoría (de hecho, exactamente un paso más allá de cualquier categoría). Virginia Woolf – al novelar un día de la vida sostenida con alfileres de la señora Dalloway, que se acerca peligrosamente a la del personaje suicida–, o Henry James –al narrar la turbación de personajes ambiguos y poco confiables–, encarnan en mi opinión el miedo de manera tan eficaz como los sociópatas de Patricia Highsmith o los terrores extraterrestres de Lovecraft.

De hecho, Lovecraft sabía que el peor miedo se encuentra en un punto más allá de lo tangible: “Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”. Visto de esta manera, el cuento más terrorífico jamás contado es “Casa tomada”, de Julio Cortázar, un relato en el que dos hermanos demasiado acostumbrados a sí mismos y a su vida en común deben dejar su casa sin saber apenas por qué, pero con una conciencia muy clara de la maraña que entreteje el horror: “-Han tomado esta parte- dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.” Ese cuento, paradigma de la literatura fantástica, se sustenta en lo inexplicable, lo incómodo. Recrea un mundo inaceptable pero indeterminado, encarnado en indicios, en palabras que son espejos: “El hombre que conoce la verdad ha comprendido que la ilusión es la realidad única y que la sustancia es la gran impostora”, escribió también Lovecraft.

Citaré por último un libro que me parece de un miedo atroz, "Tropismos", de la escritora francesa de origen ruso Nathalie Sarraute: “No podía escapar de ellos. No podía sino dirigir hacia ellos las dos caras lisas de sus mejillas, una después de la otra, para el beso”.

2. Nunca tuve tanto miedo como cuando descubrí que estoy obsesionado por el miedo. Una noche soñé que un asesino me perseguía por cuatro cuartos contiguos y comunicados entre sí. Sin prisa, con la conciencia previa de su triunfo, me perseguía sonriente, blandiendo un gran cuchillo. Desperté cuando estaba a punto de matarme. Lo peor es que desde entonces empecé una novela, escribí tres cuentos y un poema dedicados a la amenaza de la muerte violenta: “Ante la sobra del miedo que se almibara y perece, /Dame niña, tus primores, de ciervo y de huerto joven” escribí atento al asesino, y no a la víctima.

3. “El miedo es la anticipación del sufrimiento”, dice un banquero erudito citando involuntariamente al filósofo y científico francés Pierre Gassendi. Pero esta anticipación es también ilusoria, pues el sufrimiento nunca es directamente proporcional al miedo experimentado. La respuesta del cuerpo ante el miedo a la enfermedad o el despido laboral es la misma que sufre frente a un cocodrilo hambriento, o para el caso, frente a una rana o una lagartija.

Darwin equiparó el miedo a la sorpresa, que lo antecede. El hombre (o la mujer) que siente miedo incrementa su umbral de percepción, oye y ve con más intensidad, abre la boca, arquea las cejas. Se vuelve una estatua activa, que rehúye la acción y el contacto, pero se apresta a escapar. Cuando (en un capítulo de Astérix) los normandos bajaron hasta la Galia en un viaje de investigación para aprender a volar (pues el miedo da alas), encontraron al sobrino de Abraracurcix, Gudurix, lo vieron temblar y sudar frío, y llegaron a la mejor conclusión posible: el miedo es la gripe.

Obra: "Scylla the Six-headed monster" de Henry Justice Ford (1860-1941). Ilustrador británico.

jueves, 15 de julio de 2010

Costumbres del ojo 1/ Libro

(ver en Territorio liberado)
Artsy people. Ya no uso lentes, ¿será mi ambiente natural? Nomás escribir esto, sentí por qué se supone que los diarios sean privados. Pero, ¿será posible lograr escribir para uno y para los demás al mismo tiempo? ¿O tener suficiente materia para poder escribir un diario y además otras cosas, en las que la autobiografía esté presente de manera menos voluntaria y explícita? Una visita a una galería, una experiencia común y ya hay un pretexto para teorizar. Una cuestión que no sé si valga la pena. Vivir en la teoría. Vivir en la práctica.

Jamás pensé que llegaría a un punto tan banalmente definitivo. ¿Es posible escribir un libro autobiográfico que tenga como título secreto Mi vida, instrucciones en desuso y que sirva para algo más que su peso en papel? ¿Vale tanto la frase “anoréxica de clóset, prostituta por necesidad emocional” como la de Carlos Fuentes “Bastan tres palabras para describirla: Bebe. Fuma. Envejece”? A veces es una lucha entre decir yo y decir él, el lector desdoblado en el escritor más pertinaz, contumaz y perspicaz que alguien haya podido jamás nombrar. El yo pobre que descubre apenas la posibilidad de que el amor posible no esté desde el inicio a mi altura de gigante y de dedal y el yo que puja por ser el que lo escriba todo sin concesiones, sin excluirse a sí mismo.

A lo mejor, como dice Fuentes: “El artista sabe mejor. Su arte no refleja la realidad. La funda”. Entonces de nuevo quedo en el mismo principio y en el mismo dilema. Me creí vuelto a nacer porque era capaz de enriquecer la memoria, de enriquecer el lenguaje, de darme el lujo de ser un trompe-l’oeil mejor que la realidad, pero resulta que la riqueza no está en su exuberancia sino en su independencia. Pero eso le daría una nueva fuerza a toda la literatura de la difuminación, de la desaparición, de la vaguedad y la indeterminación, la que clama únicamente que la memoria es una foto desvaída, un retrato general de desconocidos y que los nombres se escapan y se alejan implacablemente del escritor como del lector. Una frase más de Carlos Fuentes Woolf: “¿No habían sido indispensables estas etapas, en sí tan dispensables, para acumular instantes de percepción aislados pero que, sumados, la estaban conduciendo a una nueva conciencia, aún vaga, aún brumosa, de las cosas?”.

Si el heroísmo no es un proyecto voluntario entonces no hay literatura heroica, entonces la vida puede ser una fantasía habitable. Aunque haya lágrimas en los ojos del escritor y esa sea la forma de conmover a su lector, hay una distancia infranqueable, pues la literatura siempre es un proyecto voluntario, aunque sea experiencia, aunque sea la manifestación de una vivencia intransferible por otro medio que no sea literario. Formas claras de enunciar el mundo. Vidas en cuatro idiomas, itinerarios de tres puntos. El verano, puedes jurarlo, no es igual en todas partes. Resuena verde el arándano, amarilla la mora, dorada la grosella, insípida parentela de bayas y moras fantasmales. ¿Dónde estaba Platón superpuesto a la papaya?

Aunque sea revolucionaria, aunque sea salvadora, aunque sea catártica. La literatura no es heroica. Aunque sea una respuesta febril, una forma de reconfigurarnos y reconfigurar la realidad a nuestro alrededor, es siempre una elección. Y el heroísmo, en realidad, no tiene elección. Allí está el futuro.


Ilustración "Castle Two Boots" de Sergey Tyukanov.

domingo, 20 de junio de 2010

18 técnicas infalibles para mortificar al amado más prójimo

1. Nihilismo conductista: “– ¿Qué tienes? –Nada”. Funciona de maravilla cuando la víctima se halla de excelente humor.

2. La mártir nocturna sin transporte. Habla por sí mismo. Variante letal inefable: el susodicho ni a coche llega y se ve impelido a pedirle aventón a sus amigos. Si el hogar de la mártir se ubica en el Ajusco, mejor.

3. “Todo por amor”. Premisa estructural del que lo da todo sin reservas y sin expectativas (para víctimas que te hieren con su jactancia de tener una vida propia).

4. “Yo no soy un capricho de Goya, soy un ser humano”. Premisa de autodefensa ante la frase “ay, la verdad cansas”.

5. “Pues me voy” estrategia relámpago cuando la víctima se halla peligrosamente cerca de adquirir un nivel superior de conciencia y control de sus emociones (la distancia recorrida por el mártir en dirección opuesta a la víctima debe ser directamente proporcional a la intensidad y valor de sus sentimientos).

6. “Tenemos que hablar”. Ante todo, la felicidad es un constructo. Generosa propuesta para reactivar el lazo comunicacional cuando los hechos no superan a la ficción. Técnica con alto grado de sofisticación y dificultad aplicable en víctimas lacónicamente inexpertas.

7. “¿Yo, qué soy para ti?” Pregunta oportuna para ayudar a la víctima a tomar una decisión importante como cambiar de trabajo, presentar un examen de titulación o decidir su nuevo lugar de residencia.

8. “Cuéntamelo todo”, la infidelidad no acaba en su mera confesión. Su relato detallado por parte del acusado ayuda a fundamentar el rencor en aras de un cristiano perdón.

9. Clases y estratificación social. “Cada quien” indiscutible expresión de tolerancia necesaria para confirmar tu jerarquía social. Debe acompañarse con una mirada de solidaridad y sobre todo apoyo frente a elementos étnicos y culturales que están por demás fuera del control de la víctima.

10. “Primera y última vez que tolero algo semejante” estrategia reiterativa de control sobre la libertad de acción de la víctima. Perfecta contra individuos espontáneos, alegres e impulsivos.

11. El valor de la ubicuidad. “Pero yo te amo”. Expresión del incalculable valor de ser amado por uno. Indispensable cuando la víctima corra el riesgo de vivir cualquier experiencia sin nuestra amorosa omnipresencia.

12. Invalidando al Pípila. “Mi amor no es una lápida”. Manifestación purista y desinteresada de la libertad que otorga nuestra generosa capacidad de amar sin oprimir. Alivia a la víctima de su injusta sensación de asfixia.

13. “No te preocupes, yo también quiero que tomemos las cosas con calma”. Placebo tranquilizador ante eventos tales como el casual descubrimiento del vestido de novia en la cajuela o la casual visita inesperada de tus padres.

14. Existencialismo responsable. “Tu no eres culpable de mi desilusión”. Aclaración no pedida, acusación manifiesta que confirma nuestro honesto y claro diálogo interior.

15. El poder del perdón. “No te preocupes, nadie es perfecto, yo no soy quien para juzgarte”. Burbujeante coctel de culpa y reducción del valor del otro aderezado con el refrescante sabor de nuestra bondad.

16. Parásitos por amor. “Bueno, pero la próxima vez yo invito”. Cortés expresión del martirio de no poder evitar ser amado que sirve como eficaz conjuro contra cualquier malsano intento de comprar nuestro cariño.

17. La constante unicidad del amor. “No había amado a nadie tanto como a ti”. La más bella declaración de amor. Relajante confirmación de la constancia de nuestros sentimientos.

18. El amo del tiempo. “Perdón, pero cuando ya iba de salida mi hermano me pidió un aventón hasta Ciudad Neza”. “Es que fíjate que tuve una epifanía hoy en la mañana y me dejó alterado todo el día”. “Llevo media hora buscando estacionamiento”. Nunca es tarde para demostrar que los horarios son para gente esclavizada por el sistema, de espíritu burocrático e incapaz de comprender el flujo del Tao y de contemplar el devenir. Si el tiempo es, como dijo Norberto Elías, arbitrario y subjetivo, es obvio que sólo puede haber una medida individual de él: la tuya. El limbo en el que flotan los demás fuera de tu presencia sencillamente no existe. Sobre todo, nunca olvides lo insignificante que es la impuntualidad y jamás permitas que te la reclamen. ¿Acaso eso vale tu amor, tu amistad, tu presencia?

jueves, 13 de mayo de 2010

Playa de los muertos




Parafraseabas a las hormigas en la mesa, la música del desayuno, los saludos. Había una tortuga con el caparazón roto tirada por la marea, con los ojos explotados, el proctodeum colgando. Querías tomar la foto del arco de las rocas antes de que el sol subiera y fuera demasiado tarde. ‘Un lugar agradable en la playa’ se llamaba el sitio enfrente de la sombra. Oscilando más lentamente que las olas, entre los tulipanes como heridas del hospital de Sylvia Plath, los poemas de amor por editar, heridas a punto de sanar, días de sol bajo frondas de palabras. Apenas descubriendo rutinas y manías lógicas, las cosas que hay que hacer y las que no hay que hacer para distribuir mejor el tiempo, arabas las horas con miedo del final del día, abierto a tus nuevas vidas y tus nuevas ansiedades.
Se suponía que, pero seguía una lista. Demasiado cotidiano para tener valor literario; doce horas son muchas horas y catorce horas son pocas horas; internet entrega cartas del más allá; la escatología del parentesco y la venganza; tarde o temprano algo va a cambiar con el esfuerzo necesario; el mundo no es el mismo, finalmente, veinticinco años más tarde; el significado pasa por la digestión; los temas se comen las palabras, el proyecto más importante, el determinante, el futuro, dentro de muchos años, cuando llegue la cura contra todos los males.

jueves, 18 de marzo de 2010

Texto de Notimex sobre Quimera en Nueva York


http://www.eldemocrata.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=7340:debaten-en-ny-presencia-de-literatura-homosexual-en-mexico-&catid=26:cultura&Itemid=27

Reflexión presentada en NYU el 11 de marzo de 2009

La sexualidad, el género, son una parte indisociable de la identidad. Escribo a partir de mi identidad, inevitablemente, pero también escribo desde un punto externo, desde un escritor que no soy yo: ese escritor es una entidad social, lingüística. Es un doble, o una serie de dobles: no conozco cuántas capas de profundidad tiene, sólo cómo se manifiesta. Es decir, mi identidad determina la identidad de mi doble literario, pero éste tiene una vida propia, que desconozco.
De la misma forma que la feniletilamina y otros compuestos orgánicos dilatan mis pupilas y dirigen mis movimientos en el cortejo amoroso, o que alguno de mis traumas hace que me sienta atraído por determinados tipos de personas, otras fuerzas oscuras condicionan la conducta del ensayista, del poeta lírico o elegíaco, del narrador que forma parte de una narración y que se vuelve un niño, un asesino, un turista, una madre enferma, un santo, una estudiante, un esquizofrénico.
No sé muy bien cómo hablar de ese doble y sus motivos, pues ignoro qué carga de verdad poseen los artificios que son mis textos, si es posible confiar en un personaje, en un anagrama, en un soneto.
En ese sentido, toda la creación, si está definida por un ser múltiple, dirigido a cada instante hacia propósitos distintos, sería queer por definición: extraña, oblicua, excéntrica.
Tiene y no tiene que ver con la verdadera sexualidad, de manera parecida a como el lenguaje nos remite y no nos remite directamente a la realidad. Por eso no sé si es posible juzgar el resultado literario como una parte del proceso creativo, o si hay que enajenar a la persona que escribe “escritor” cuando llena una forma migratoria, del ser que se dedica realmente a escribir, y que vive dentro del otro.
Como el dios griego Hermes, como el dios yoruba Echú Eleguá,
como todos los tricksters, los personajes mitológicos que rigen las puertas y los caminos, la voz de la creación se mueve entre lo alto y lo bajo, entre las capas superiores de la conciencia, la voluptuosidad de los sentidos y los antros de los deseos más ocultos, de las fantasías más innombrables. Tiene alas leves, piernas fuertes y un gusto perverso por la travesura y la malicia. Toma vías francas o senderos ocultos, se alimenta de lugares comunes o de algas podridas, de aguas estancadas.
A veces brota y me subyuga, me toma y me obliga a actuar en contra de la que yo creía mi naturaleza, a veces se oculta por semanas o meses, o años, a veces convive con la compra del supermercado, con la limpieza del departamento, con las vacaciones. Mi doble comparte muchos de mis gustos y mis intereses, mira la tele conmigo, lee conmigo, va al cine y come conmigo. Es más competitivo que yo, más apasionado, más irónico, más libre. A mi doble le gustan los textos tiernos pero poderosos, como los poemas de Elisabeth Bishop, de e.e. Cummings o de Ramón López Velarde, o los terribles, azotados como decimos en México, como el Réquiem de Anna Ajmátova, Los amorosos de Jaime Sabines, o Lady Lazarus, de Sylvia Plath. Mi doble tiene su propio pasado: secretamente, soñaba con ser un genio como Rimbaud,
un poeta nacional como Víctor Hugo, tener un cortejo fúnebre de seis meses que tocara todos los puertos desde Montevideo hasta Veracruz como Amado Nervo, lograr sin proponérselo que los niños aprendieran de memoria sus poemas en la escuela, como Rubén Darío:
La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa
Que ha perdido la risa, que perdido el color…
Esos anhelos acechan en el inconsciente de mi doble, y le dan un carácter grandilocuente a todo lo que escribe. Luego, otro aspecto de ese mismo doble tiene que hacer un esfuerzo enorme por domar esa voz pretensiosa, por editar y transmutar en frases exactas la materia prima de la creación. Aunque me encantaría suponer que la fuente está en otra parte, ese es el material a partir de la cual se construyen mis textos: una mezcla sucia de recuerdos, obsesiones, fantasías e ideas preconcebidas.
Me encantaría pensar en mí como un poeta de la claridad, de la precisión y de la luz, un poeta que roza la materia y la transfigura, un poeta capaz de tomar un cuadro de Claude Monet, como hizo Octavio Paz con el cuadro de los cuatro chopos que está aquí en el Museo Metropolitano, y transformarlo en una construcción poética perfecta, simétrica.
Pero no me hago ilusiones: creo estoy mucho menos involucrado en el proceso creativo, que tengo un poder de decisión muy menor, a veces incluso creo que escribo sobre lo que puedo, no sobre lo que quiero, y que si no tuviera otra faceta obsesiva y meticulosa me sería imposible terminar cualquier texto.
Poco a poco, el aspecto fastidioso de mi persona literaria ha cobrado terreno, y cada vez ocurre menos que un texto aterrice mágicamente completo, furioso, en una página de mi libreta. Por el contrario, cuando escribo a mano, puedo constatar que es sólo la computadora la que me permite perpetuar esa ilusión de perfección inmediata absolutamente falsa.
Eso de estar convencido de tener un doble que hace el trabajo sucio es muy conveniente. Es conveniente porque puedo escribir de cualquier cosa, permitirme la indisciplina total, la pereza, la desorganización, el caos. Puedo tomar una frase cualquiera, un jirón, un motivo, un vestigio y escribir a partir de allí un texto completo sin un plan preconcebido.
Por otra parte, escribir esta reflexión me ha hecho darme cuenta de que las estrategias creativas,
aun si son estrategias útiles, o anti-estrategias, tienen que cambiar, seguir su propio curso, y es necesario adaptarse a esos cambios para poder seguir creando. Siempre admiré al escritor francés Georges Perec, quien usaba una serie interminable de restricciones o reglas para escribir, desde bicuadrados latinos y poligrafías del caballo en el tablero de ajedrez, que usaba para establecer el número de capítulos y el orden de éstos en sus novelas, hasta listas de los elementos que debían aparecen forzosamente en ellos. Sin embargo, Perec creía firmemente que el verdadero genio radicaba en destruir el propio sistema desde dentro.
Creo que apenas empiezo a comprender lo que eso significa. A veces es mejor creer que el caos lo toma a uno por asalto, que hay alguien que le dicta los textos, para lograr mantener a raya los fantasmas de la organización, los textos por encargo, el peso inevitable de la responsabilidad de estar vivo, pagar cuentas, vivir la vida del que pone “escritor” en la forma migratoria.
Tal vez es sólo una forma conveniente de afrontar el hecho de que escribir todos los días, de manera disciplinada, y hacer una lista de temas y referencias antes de empezar, puede ser la mejor forma de acabar un texto en una fecha determinada; aunque si uno creció rodeado de fantasía, la fantasía parece más necesaria que cualquier restricción.
Quisiera terminar esta reflexión leyendo para ustedes un par de textos míos que tratan del proceso creativo. El primero es un poema sobre la palabra, del libro Reglas de urbanidad, que fue publicado por Quimera;
el segundo es el borrador del prólogo del libro que estoy escribiendo ahora, titulado tentativamente El deshielo, que trata de las relaciones entre Estados Unidos y México desde que México se fundó como nación hace doscientos años.


Era texto y palabra,
Confundida la lengua con la repetición
varias rondas de medias verdades
con el sentido cavando bajo los pies:
Ninguna puede ser mi lengua
mejor que la momentánea poderosa,
gana el derecho a la sinceridad
al vivir en mis manos como si estuviera en mi boca
Cuál sea la precisa y cuál la evocadora
la extranjera por origen o definición
la pregunta se adhiere al propietario
no para saber la respuesta,
que se ofrece a cada palabra, veleidosa
Pero hay un tiempo de palabra sorda
que se cuela desde afuera con el clima
o la misma abundante en el saludo y en los sueños
afilada para los ensayos, sencilla, pobre,
palabra de carisma relativo
La de la magia simpatética
de pan que llama a pan
la realidad turbia y ambigua
la misma realidad tangible de las cosas
hasta que alguien resiente la distancia
****

El libro de todas las respuestas. El libro de todos los dilemas, de todas las contradicciones resueltas.
La Gran Novela Americana, el nuevo libro de la almohada lleno de listas perfectas de objetos que nos agregan al mundo, de objetos que nos perpetúan, de objetos que nos agradecen su presencia. El libro de las normas del buen gusto, del buen decir, el libro de la Historia y de las historias.
El libro del tránsito, del trance y del intercambio. El libro de la vanidad y el libro de los pecados. El libro del trabajo y el libro de la migración. Libro conmemorativo, palimpsesto de países, de territorios y rencores robados, de coincidencias imposibles y de puntos de encuentro forzados. Líneas de fuga, líneas de tiempo, personajes que hablan en voces prestadas, voces aludidas, semánticas y lógicas fallidas. Este puede ser el libro de los fracasos y el libro de las locuras, el libro de los lugares comunes y el libro de las banalidades. Canta oh Paz la cólera del complejo de inferioridad, canta en proemios y exordios infinitos la dilación de ser, los juicios de la historia y de la prensa, las voces de los tiempos y de los pueblos, de las comentaristas y de los vendedores. Canta Langston Hughes la América del sueño del hermano escondido en la cocina –el sueño realizado tantos años después– cante Toqueville con el coro de todos los jurados de los Estados Unidos de América la canción de la redención perenne de la democracia, cante Walt Whitman la gloria de las lilas que florecen en primavera en honor a los héroes, la gloria de la invasión militar, pero también la canción de las barcazas, los puentes y los muelles, de los transeúntes.
Cantan los homenajes, las traiciones, las estructuras, las teorías, las voces propias, las prestadas, las robadas. Canta la guerra y la paz, la historia como el cántaro de barro y el espacio hueco como el sentido de la vida.

***

Leo y releo con la intención de organizar, de supeditar, de transferir, de crear en el filo minúsculo que se tiende entre el caos y el sistema. Mientras más me arremolino en la cama leyendo y pensando en las valiosísimas horas de cosas infinitamente importantes que debería estar diciendo, que debería haber dicho ya, más me justifico diciendo que al menos yo soy consecuente, yo edito en mi mente lo que digo,
le doy una forma acabada antes de vomitarlo de mala manera, justamente como hago ahora, en un ataque de culpa. Hay tantas cosas sobre las cuales tendría que estar escribiendo. ¿O no? Tengo una lista mental de temas que ni siquiera he puesto por escrito porque no me parecen relevantes, un rompecabezas que ya debería estar transformado en una estructura coherente, que correspondiera con el índice que escribí el primer día de la escritura de este libro que ahora mismo parece absolutamente imposible.
–“Estoy escribiendo sobre los paralelismos entre México y los Estados Unidos” –recuerdo que le dije a una escritora.
– “¿Cuáles?” –fue la respuesta inmediata.
¿Cuáles? Repito frenéticamente, inusitadamente, transitoriamente. ¿Cuáles? Me dice la sala de la que apenas salgo, el escritorio de aluminio. ¿Cuáles? Me grita el libro de ensayos de Monsiváis que está en la cama al lado de una pila de libros que incluye una nueva historia mínima de México, El laberinto de la soledad, el diario de la filmación de una road movie mexicana en Estados Unidos, Leaves of Grass, una compilación de John Ashbery, El gran acuerdo (del estado mexicano salinista para ceder el control de las empresas paraestatales a unas cuantas empresas privadas), un libro de cuentos de Perrault.
¿Cuáles?, me dice mi herencia multicultural pero tan marcadamente mexicana, cuáles, me dice la barrera inexistente pero visible que se erige entre yo y la calle, cuáles, me grita el silencio del editor y los mil compromisos impostergables de la vida en español que he trasplantado a Nueva York desde la Ciudad de México.
He salido a buscar las respuestas, he intentado escribir las respuestas, superponer las respuestas en las caras de los transeúntes, en la limpieza cotidiana del departamento, en las largas partidas de backgammon, los paseos por el Met, las galerías de Chelsea, el barrio chino, las playas de Long Island.
Busco y encuentro, transcribo en el tiempo, por más que sea un mero movimiento solar y terrestre,
una percepción internalizada y anodina.
Nunca había tenido una percepción tan clara, tan material, del tiempo. Un mito por otros.

viernes, 5 de marzo de 2010

Quimera llega a Nueva York



"Literaturas queer(s) en México, práctica y cuestionamiento: autores de Quimera Ediciones"



El próximo 11 de marzo, a las 7 pm. varios importantes escritores mexicanos y una reconocida escritora cubana se presentarán en el King Juan Carlos Center de NYU, situado en el 53 Washington Square South. Odette Alonso, Nayar Rivera, Sergio Tellez-Pon, Juan Carlos Bautista y José Dimayuga todos publicados por Quimera Ediciones, discutirán su trabajo y su proceso creativo con los asistentes, en un evento gratuito abierto al público en general. El 12 de marzo los mismos autores leerán sus obras en la librería McNally Jackson, en 52 Prince Street.
Quimera es una casa editora independiente y se autodenomina como la primera editorial queer en México. Su línea editorial es publicar textos de destacada calidad literaria, no sólo de temática sexogenéricas, sino también de las vertientes lingüísticas y literarias queer de la literatura en lengua española actual.

Quimera publica a varios de los más destacados exponentes de la literatura en México, como Luis Zapata, legendario autor de El Vampiro de la colonia Roma (tal vez la novela gay más célebre de México); José Joaquín Blanco, narrador y cronista incansable, autor de más de 45 libros; Luis González de Alba, narrador y peridista, Juan Carlos Bautista, poeta; los poetas y críticos Nayar Rivera y Sergio Tellez-Pon; José Dimayuga, dramaturgo y Odette Alonso, narradora, poeta y ensayista cubana afincada en México, entre otros.


Odette Alonso
Nació en Santiago de Cuba y reside en México desde 1992. Es poeta, narradora y ensayista. Ha publicado ocho poemarios, un libro de relatos y Quimera publicó su novela Espejo de tres cuerpos. Ha sido incluida en antologías de poesía y narrativa. Textos suyos aparecen en revistas literarias y páginas de Internet. También es compiladora de la antología Las cuatro puntas del pañuelo. Poetas cubanos del exilio y la diáspora, Premio del Cuban Artists Fund de Nueva York en 2003. También ganó el Premio Internacional de Poesía “Nicolás Guillén”.

Juan Carlos Bautista
Es autor de tres poemarios: y su obra aparece en diferentes antologías de poesía mexicana contemporánea. Ha sido en dos ocasiones becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Quimera publicó su libro Lenguas en erección y prepara la publicación de su primer libro de aforismos.

José Dimayuga
José Dimayuga es dramaturgo y novelista. Sus piezas teatrales han ganado premios mexicanos como el Premio Nacional de Dramaturgia por Afectuosamente, su comadre. Su primera novela se publicó en 2007. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y Coordinador del Festival de cine lésbico gay mexicano, Nuevas miradas Nuevos ámbitos. En Quimera Publicó las piezas teatrales en el volumen Triple función.

Nayar Rivera
Nayar Rivera ha publicado poesía, cuento, ensayo, crítica literaria y periodismo en diversos medios impresos de México y se ha presentado como creador escénico en diversos e importantes foros de México con performances y la pieza de Cabaret Somos No obvios sobre la escena post-gay en México. Quimera publicó su poemario Reglas de urbanidad. En la actualidad prepara en Nueva York un libro de ensayo-ficción sobre paralelismos culturales entre México y los Estados Unidos y su segundo poemario.



Sergio Téllez-Pon
Sergio Téllez-Pon es poeta, ensayista, crítico literario, narrador, editor y guionista. Funge como director literario de Quimera. Parte de su obra ha sido traducida al francés y portugués y compilada en distintas antologías. Actualmente escribe su primera novela y el guión de su segundo cortometraje. En Quimera publicó No recuerdo el amor sino el deseo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Las 31 versiones de Propp run amok

El Lago de los Cisnes
Cada vez que veo Billy Eliot lloro a moco tendido. Tal es mi sueño infantil de ser un bailarín profesional de ballet, que ya nunca se cumplirá y por el cual guardo un luto inconcluso. Tal vez es el apoyo de la familia paterna de Billy, que en mi caso fue patéticamente limitada al aumento en el número de parientes. Tal vez es la avalancha de lecciones de vida que se le vienen encima a Billy (la necesidad de expandir sus horizontes por medio de la expresión artística, la conciencia de su propio lugar en su familia, en su comunidad, en su clase social, el reconocimiento de las otredades en las personas de la maestra y su propio amigo). Tal vez es que se trata de un cuento popular de buena cepa, con un protagonista masculino entrañable, y no una heroína de Disney que busca el matrimonio burgués como meta última para su vida (entrañable de otra manera).
Billy Elliot tiene una carencia (o una lista de carencias): sale al camino a encontrar lo que busca –una madre, el sentido de pertenencia, un talento sin desarrollar–, se encuentra a una ayudante mágica –la maestra– libra una batalla contra un antagonista poderoso –la escuela de ballet, Londres, sus propios miedos– y contra un impostor que está dentro de él mismo –el macho prejuicioso que golpea al otro niño. La carencia es reparada cuando su familia y su amigo acuden a presenciar su matrimonio simbólico con el arte: el papel protagónico en la versión de Mathew Bourne de El Lago de los Cisnes.
Todos estos elementos, grabados con cincel en mi psique desde niño, me convierten en el destinatario ideal de la historia contada en la película. Nunca dejaré de amar los cuentos en todas sus manifestaciones, pero eso significa que para mí la tragedia máxima consiste en la ausencia de un final narrativo que signifique la reparación de la carencia inicial: por eso El Lago de los cisnes es una tragedia tan popular del siglo XIX, que extiende su sentido trágico hasta hoy. En el centro de la historia, inspirada tal vez por el cuento popular ruso “El pato blanco”, o por el cuento alemán El velo robado –del alemán Johan Karl August Musäus– ocurre el peor ultraje a un cuento y su heroína, la peor traición de todas: la victoria del impostor, el cisne negro, Odile, la hija del hechicero –el enemigo, el antagonista. En la versión de Bourne, el príncipe es más claramente el héroe del cuento, y sus carencias son existenciales: de allí su narcisismo y su ambigüedad.
Pero en Billy Elliot, el final es perfecto: el excluido, el raro, se convierte en el rey del ballet, el protagonista de su propia coreografía: su vida.

lunes, 28 de diciembre de 2009

EL ARTE DE LA TELENOVELA


Texto publicado en Replicante 20


when slaves love each other, it’s not love
Phil Collins

Hace poco se festejó en Nueva York el 5 de mayo. La MASA (Mexican American Student Asociation) de Columbia festejó desde el domingo anterior con bailes tradicionales del norte de México. La cultura mexicana que predomina en la ciudad, la más visible y real, es la cultura de los trabajadores poco calificados y sus descendientes. Es, de hecho, la misma que predomina en México, pero allí está subyugada por su contraparte criolla y europeizante.

¿Qué implicaciones tiene esto a los ojos de un artista como Phil Collins, que no tiene origen mexicano?

Recientemente, el Museo de Arte de Aspen le comisionó una pieza que atrajera a un público amplio, y el resultado es when slaves love each other, it’s not love, que se exhibe actualmente en la galería Tanya Bonakdar de Manhattan.

La parte principal de la pieza, titulada Yo soy mi madre, es un video de ficción que aparentemente sigue las convenciones genéricas de una telenovela.

Filmado con actores mexicanos, el video narra la historia truculenta de una mujer rica, su esposo, su amante y sus criadas. La mujer, insensible al sufrimiento de sus fieles empleadas, las maltrata hasta la crueldad, cuando en realidad una de ellas es su propia madre y el esposo de la otra criada (su hermana) es su amante secreto.

Los personajes actúan en el estilo sobreactuado típico de la televisión mexicana de los años ochenta, que todavía se mantiene vigente; el maquillaje, los escenarios, la ropa y la historia parecen tomados de María la del Barrio, y hasta tiene un tema musical que es un típica balada romántica latinoamericana.

Sin embargo, hay algo que no cuadra. No es la caricatura del género (la señora usa un tratamiento facial de huevos de halcón), sino tal vez el intento de aproximarse demasiado al género para hacerlo parte de la voluntad del artista.

En primera instancia, los actores. En la ficha técnica de la exposición se dice que todos son actores protagónicos de la televisión mexicana. Sin embargo, salvo Patricia Reyes Espíndola, que a pesar de su inmensa fama es más bien lo que se llama una “primera actriz”, los otros intérpretes que aparecen no son rostros ineludibles de la televisión mexicana. Por el contrario, la tradición mexicana dicta que Silvia Pinal y Adela Noriega son las típicas indígenas, y Patricia Navidad ya es el extremo del folclor.

El tipo físico de las actrices seleccionadas por Phil Collins es, en cambio, más cercano a la realidad mestiza e indígena de México, y más aún de los trabajadores mexicanos de Aspen a los que intenta acercarse.

Por otro lado, Collins también retoma el hipertexto más obvio de la historia, Las criadas de Genet. En cada escena crea el juego de la escenificación dentro de la escenificación, exhibiendo el equipo de filmación y haciendo que actúen personas diferentes en los mismos papeles. Por si fuera poco, los personajes se llaman Clara y Solana. Pero tal vez lo que más coquetea con Genet es el intento de mostrar la violencia y el rencor contenido de las criadas que quieren ser iguales a la señora y la señora que es, en el fondo, una impostora, pues es igual que ellas: un deseo neurótico sin resolver.

Al final del video Solana obliga a la señora a la señora a recoger los pedazos de un jarrón roto a punta de pistola, mientras repite que todas ellas son iguales.

Si la pieza está dirigida al vasto público mexicano de habitantes no reconocidos de Aspen, los que trabajan limpiando los hoteles de lujo y las casas de campo, entonces se carga instantáneamente de una retórica política que no profundiza mucho en los intereses y conflictos reales de esa comunidad, sino que, por el contrario, los banaliza.

Las otras piezas de la exposición son en cambio una serie de retratos fotográficos amplificados y un carrusel con diapositivas, provenientes de distintas ciudades del mundo, que el artista compró a sus dueños antes de ser reveladas, con el permiso de usarlas como propias. Las imágenes del carrusel se convierten en arte por decisión del artista, pero dejan intacta la mirada que las animó, y su poder evocativo.

Su trabajo anterior, the world won’t listen, presentado en el Museo de Arte de Dallas en 2007 y 2008, consistió también en una serie de retratos de personas de distintos países, cantando canciones del grupo inglés The Smiths. El propósito de la pieza, filmada en Colombia, Turquía e Indonesia, era proponer retratos más verdaderos de la gente al ponerla fuera de su contexto cultural.

Pero, ¿a quién está retratando Collins en Yo soy mi madre? ¿A las actrices mexicanas jugando a ser actrices, con papeles mejores que los que realmente pueden tener en su propio país por el racismo, pero que finalmente están muy lejos de ser afanadoras ilegales en Aspen? ¿O a los sueños autorredentores de esas mismas trabajadoras?

Como mexicano, tal vez le añado demasiada información propia al video, pero me parece que se trata de una producción demasiado elaborada para tener tantos cabos sueltos.


—Nayar Rivera
© Derechos reservados RGRV, S. A. de C. V., 2004

jueves, 17 de diciembre de 2009

Primera escena de Las Cartas

Primer Acto

Interior de un estudio muy claro, muy cómodo, moderno y lleno de libros.
En medio, sentados en tres sillones, están los Sor Juan, San Ignacio y San Sebastián. Sor Juana lleva el traje de monja jerónima, pero tiene el pelo largo, suelto, que peina lenta y concienzudamente con un lujoso peine de carey.
San Ignacio, vestido de monje jesuita, teje una larguísima tela negra de punto.
San Sebastián, que solo viste un pareo africano, está sentado en flor de loto y agita de cuando en cuando una campanita.

Escena I

Sor Juana: Así me has pagado.
San Sebastián: Con el desconcierto.
San Ignacio: Con la devoción.
Sor Juana: Con la duda.
San Ignacio: Te dejé abajo, te dejé vivo, te dejé atrás. A la llegada de los días claros cantó la rosa de los vientos el momento de nuestra separación.
Sor Juana: A la mitad no quise dejarme, era un proceso, era una canción pública, casi un concierto.
San Ignacio: No se vale mentir respecto al compromiso crítico. Algunos, se dice, tienen facilidad para el alemán y la ingeniería.
San Sebastián: Tantas veces que de verdad estuve a punto de amarte. Intenté dejando un viaje, viviendo para ti un destino escogido.
Sor Juana: Un desierto donde cada grano era de amor.
San Ignacio: Me manchaste la vida de blanco y no toleré, te agregaste como una carencia, un gusto adquirido, un genio del deseo, cardinal, atento.
Sor Juana: Esperaba tu muerte por testimonio indirectos, algo más que los demás, como si también los demás.
San Sebastián: Marcas de agua, acentos indeseados, allí siempre los ojos azules, el gen recesivo. Dios, dame omnipotencia para cambiar los factores sociales que no puedo cambiar, déjame fingir que no me gusta el sexo con amor.
San Ignacio: Cara lavada, como todas las de hombre, a punto de las verdades absolutas; una serie y la farsa del alcoholismo se derrumba.
Sor Juana: Me escribiste una carta que era una copia, sabiendo que yo lo sabía, como si no hubiera leído Casa de muñecas.
San Sebastián: Como si no hubiera leído Peer Gynt.
San Ignacio: Como si no hubiera leído los libros de Próspero, las cartas del naufragio de Robinson Crusoe, como si no me hubiera preguntado por qué no sirven las religiones.
San Sebastián: Cuando me llevaste a comer al restorán francés y pediste vista al mar y sólo había vista a la terraza, cuando me llevaste a Cuernavaca a la casa de tu esposa muerta, cuando me hablaste de la edad espeleológica de tus hijos. (Como rezando, en secreto) Padre, me desposaré con aquel que adivine mi nombre, que no tenga que quemar la piel de mi destino auto infligido, con aquel que me dé argumentos válidos contra Robert Venturi. (En voz alta) Padre, me desposaré con la historia, me desposaré con la realidad que pruebe no ser travestida, con la montaña, con el pozo, con la prueba; padre, tú serás mi prueba.
Sor Juana: Aguzaste lanzas y flechas, llamaste sin éxito al terror.
San Ignacio: Y entonces juré que no amaría porque me desgarró la máscara de cera, porque me desgarró por dentro, porque se había matado para mí sin mí, porque había favores que hacer y huecos que llenar, porque en realidad había que aprender la tolerancia y el respeto. “Lo que los hombres llaman amor es demasiado pequeño, demasiado restringido y demasiado débil, comparado con la inefable orgía, la santa prostitución del alma que se da entera, poesía y caridad, a lo que imprevistamente aparece, al desconocido que pasa”.
Sor Juana: Pero queremos aire.

Todo se pone oscuro, sólo se ve a San Sebastián que camina seguido por la luz y recita

viernes, 4 de diciembre de 2009

Algunos de mis libros favoritos

1. Las mil y una noches (colectivo)
2. El libro de Job (¿?)
3. Rayuela (Cortázar)
4. La morfología del cuento (Propp)
5. El libro de la almohada (Shoganon)
6. La novela de Genji (Murasaki)
7. Seis propuestas para el próximo milenio (Calvino)
8. Las ciudades invisibles (Calvino)
9. Poesía reunida de Emily Dickinson
10. Una ola (Ashbery)
11. Poesía reunida de (ee cummings)
12. Los años con Laura Díaz (Fuentes) (sí, y qué!!!)
13. Cuentos populares rusos (tradición oral)
14. Réquiem (Ajmátova)
15. Esperando a Godot (Beckett)
16. Lo bello y lo triste (Kawabata)
17. El halcón maltés (Hammet)
18. El asno de oro (Apuleyo)
19. La Ilíada (Homero)
20. Una temporada en el infierno (Rimbaud)
21. El cementerio marino (Valéry)
22. Viernes o los limbos del pacífico (Tournier)
23. Poesía amorosa (Sor Juana)
24. De lunes todo el año (Morábito)
25. Mrs Dalloway (Woolf)
26. El cielo protector (Bowles)
27. Tao te king (¿?)

mi primer cuento... de hace muchos, muchos años

A ti


Desde que me has abierto la puerta, me regocijo de la gota oscura fétida que escurre lentamente por la comisura de mis labios torcidos en bobalicona mueca (sonrisa de placer extinto, de renovada decadencia).

Desde entonces, pellizco con fruición.

Bajo todas las noches a hurgar en los botes de basura de los vecinos, y gozo resistiendo cada vez más débilmente el impulso de arrojarme sobre los pañales, las toallas y los tampones. Mi máximo gozo es deshojar con arte, delicadamente, un papelito blanco y sedoso como una magnolia, e ir descubriendo la deliciosa sorpresa navideña en su interior.

Tú me enseñaste el verdadero sabor de la verdadera carne. Y tenías razón, los niños pequeños son los seres más cercanos a Cristo, como dijiste en aquella memorable celebración.

Mis manos blancas siguen así. Mi pececillo corrosivo sigue su recorrido normalmente, flanqueando cada vez más barreras y barriendo cada vez más recuerdos. Crece muy sano, porque sus aguas han aumentado su dulce y carnoso, podridito aroma, y su consistencia se gelatiniza.

Siempre fui una mártir. ¿Recuerdas el primer bocado? Me convulsioné de terror, tanto que para vencerlo, el instinto y el reflejo condicionado se unieron rápidamente e hice lo que siempre me dijo mi mamá : Si tienes miedo de hacer algo, hazlo hasta que se te quite. Y yo no sé si ya se me quitó, o si todavía no se me quita, pero después de nuestro fruto y de ti, las ganas de seguir regalándome con tales preseas conmemorativas no se me han quitado, y todavía me compadezco.

Nuestro blanco mito del blanco cisne surcador de frescos remansos entre blancas flores, fue transitando a la inversa el del gris polluelo que triunfó finalmente en la vida, hasta acabar bullendo en una sartén bien aceitada -la clara siempre blanca-, como en el anuncio televisivo del remedio antiagruras.

Siempre es por candor que suceden estas cosas. ¡Si alguien nos hubiese dicho que de perseguir perfumes se pasa a descubrir sus fuentes y de allí a querer poseerlas con todos los sentidos!

Es tan delicado, el amor...

lunes, 16 de noviembre de 2009

Algunas de mis escenas favoritas de la historia del cine

La secuencia en los túneles urbanos de Solaris
El viaje por Estados Unidos en Alicia en las ciudades
El diálogo con poemas de Rilke en la sala de los espejos en Las alas del deseo
La paliza al principio en Un año con trece lunas
El suicidio de la muchacha campesina en el lago [en una película rusa que vi de niño]
La caravana por el desierto en Refugio para el amor
La escena del abandono en La flor de mi secreto
Los viajes por aire en El canto de las sirenas
El “performance” al final de Nostalgia
Las escenas como cuadros de Chagall en La infancia de Iván
El diálogo con el hombre misterioso en la fiesta en Por el lado oscuro del camino
El canto del niño rubio en El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante
El final de Las noches de Cabiria
El viraje a color en Cinco Tardes
Obligados a ser perros en Las 120 jornadas de Sodoma
El diálogo en el café de Secretos y mentiras
Mamá aparece en el cielo en El edipo reprimido
Glenn Close exclamando “War!” en Relaciones peligrosas
La muerte de Rutger Hauer en Blade Runner

martes, 14 de abril de 2009

Notas sobre la eficacia y el acoso

Hay un libro junto a mi llamado The shock of the new en la biblioteca pública de Nueva York, Ottendorfer Branch, en la Segunda avenida. Mientras copio listas de vuelos, autobuses, trenes, barcos y taxis para refrescar mi memoria y escribir sobre África, una empleada se acerca al hombre sentado frente a mí y lo invita a “salir a tomar el aire”, pues está dormitando y su asiento es requerido. El hombre es tal vez un vagabundo, aunque, como casi todos aquí, no lo parece más que por su abatimiento. En esta ciudad donde casi nadie se define demasiado por su aspecto, hay que leer directamente los sentimientos en la expresión de la gente para definir su lugar en la sociedad. El hombre responde que alguien lo golpeó afuera, y que por eso entró a la biblioteca.
De hecho, hoy yo me siento también como golpeado, soy un vagabundo, forzado a salir de mi casa para poder impulsarme a trabajar, pues el ritmo no perdona, y mi falta de eficacia me está volviendo inservible.
Se supone que los viajes ilustran, y que pasar mucho tiempo en una ciudad diferente a la de siempre ampliaría mi perspectiva del mundo. Aunque siempre pensé que la experiencia de estar vivo y sentirlo intensamente era lo más cercano a encontrar el sentido de la vida, en algún momento me dejé seducir por la idea de que podía hacer cosas, realizar proyectos, alimentarme de la emoción de los productos terminados, de los resultados. Pero el poco contacto real que tengo con esta ciudad me grita que vive de los proyectos acabados, y que excluye y deprime a los que no tienen la voluntad para llevarlos a cabo.
En algún momento escribí que sentía que tenía fuerzas para enunciar los actos, pero no para hacerlos. Ahora veo que eso podía ser suficiente.
Pero no aquí, aquí hay una industria de la lástima, que hace a la gente hablar sola, pedir dinero no profesional sino cínicamente, reducirse hasta la ignominia, rendirse de la forma menos elegante, no por renuncia, sino por trauma.
Acabo de leer en algún lado que las víctimas del acoso sicológico comienzan sencillamente a nulificar su personalidad para protegerse, como si la indiferencia fuera sinónimo de la inmunidad. Como no necesito comprobar mi ineficacia y tendencia al absurdo, ahora quiero intentar la necedad absoluta de llevarle la contraria a la ciudad y vencerla. Como estoy convencido de que no es necesario triunfar, voy a jugar a no tener nada que perder. Ya que no tiene importancia, vamos a tomarlo como un juego y permitir que nos ahogue. De otra manera, me lo perderé.

jueves, 23 de octubre de 2008

XVI

Lanzas en ristre al cielo
desbandada
son los pinos
XIV

Hasta el silencio nos ha guiado la estrategia
hasta el contorno neutro de las cosas
hasta la fuente
a donde nos lleva la acción
adónde
el céfiro enarbola el estandarte de la primavera
una vara toca tierra y florece
es el tiempo de la preponderancia de lo pequeño

jueves, 14 de agosto de 2008


VIII

Para tu nombre crezco
rodeo con las piernas el camino
rebusco en la pereza
aspiro llegar al día, al sol de las cinco de la tarde
comenzar
conquistar algo
arder y consumir
hallar la fronda, el céfiro,
la ronda de los viajes, el viento
a tiempo para ser un país distinto, la sonrisa borracha por anticipado
el bozo del amor, el brillo
afuera como adentro
para tu nombre crezco
busco la fronda desde la raíz
articulo la savia, anticipo el brillo
olvido
casi avanzo por partes
llego al aire y al sol,
aspiro.
V


La tragedia huele el instante
en los cincuenta rostros de la soledad
es tan cursi
que se vuelve importante
tan a tiempo
tan amigable como inesperada
hacia quien, desde quien,
casi una noche clara
casi un remedo de la verdad
vuelca los sentidos en busca de redención
se apaga en un espasmo
una tragedia ideal