lunes, 15 de noviembre de 2010

Costumbres del ojo 18 ┇ Una carta a la muerte posible


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Una carta a la muerte posible


Buscando en mis fuentes de inspiración para este día de calaveras (o sea, en lecturas y escritos previos, que confirman la vieja frase de que la inspiración es 90 por ciento trabajo), me encontré con este viejo texto, que nunca había publicado y ahora comparto con ustedes porque, aunque no es una "calavera", si se dirige a la muerte en primera persona:

Mi dedo recorre, parsimonioso, tu imagen tendida sobre la mesa. En mis ojos revolotean palomas, pero en mis orejas anidan cuervos. ¿Conoces el olor acre del miedo? ¿La garra larga de la duda? El oráculo habla del tiempo de la preponderancia de lo pequeño, de espera, de modestia.

Se ha hecho otra vez peine el viento entre los árboles del parque, engalana las calles su aliento perfumado, el aliento de Mercurio. Pasea leve sobre el brillo de las cosas ¡Qué vértigo es este, incoloro, que muerde la tristeza!

Nombres de frutas minúsculas rezuman mis encías, cárdenas huellas bajo la luz noble del recuerdo, retruécano de la madrugada, cuando el silencio no es himno todavía.

Miro sobre tu hombro el aire enrarecido que la niebla parda se ha dejado, lenta, entrar en el remolino de lo que te pasará de largo. ¿Cuánto tarda el silencio en caer, en hacerse sólido?

Si debo ser en qué la voz del aliento renegado, una gota terca puede recorrer horizontalmente tu boca, filo de la desgana.

Ahora quieres erigirte en el nombre de todos mis fantasmas; te sientes merodeador. Crees tenerme a tu merced en cada vello erizado. Fluyes por mis venas, las anudas, en ellas escribes el palimpsesto indeleble del miedo. Caridbis anida en mi garganta, sorbe toda la arena del antiguo mar en cada bocanada. Medusa brilla metálica en mis ojos (no sé qué es, pero duele).

Me reconoces bajo los reflectores y balbuceas el santo y seña. Tu cuerpo enroscado, tu lengua partida en dos y tus escamas imitan mal la noche.

¿Qué sentencia dictaste, que transfigura mi carne en carroña en tus ojos huidizos? ¿Qué me ronroneas al oído, rostro blanco?


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Costumbres del ojo 17 ┇ En busca de la vanguardia [inconsciente] perdida


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En busca de la vanguardia [inconsciente] perdida

Como si fuera tan fácil. “Amor es nunca tener que pedir perdón” (algo que no cree ni Angélica María en su época estelar) pero Nathalie Sarraute sabe que la vida es más a la Bergman en Fanny y Alexander, « L’atmosphère épaisse dans laquelle ils vivaient toujours les entouraient ici aussi, s’élevait d’eux comme une lourde et âcre vapeur. » que la familia representa dolor, « Ils le prenaient et le trituraient, le retournaient en tous sens, se roulaient sur lui, se vautraient » que para los demás es casi tan doloroso como para nosotros existir, que vamos a quedarnos en las etapas anteriores, antes de decirlo, de decírnoslo, de analizarlo e interiorizarlo, de transformar las frases hirientes en materia creativa : «Il allait continuer, sans pitié, sans répit : « Dover, Dover, Dover ? Hein ? Hein ? Thackeray ? Hein ? Thackeray ? L’Angleterre ? Dickens ? Shakespeare ? Hein ? Hein ? Dover ? Shakespeare ? Dover ? »

Ay dolor ya me volviste a dar, pues ya llegó, llegó el instante crucial reproducido hasta el infinito, porque no gritamos, somos seres civilizados « Il ne pouvait pas leur échapper. Il ne pouvait que tourner vers eux poliment les deux faces lisses de ses joues, l’une après l’autre, pour leur baiser. », decimos al ladrón, ooom, nunca la situación, mi padre está muerto, maldito culpable, no sabes hacerte responsable de tu vida, no eres capaz de darte cuenta de que comer y pensar, pensar y cuestionar, te hacen ya el ser privilegiado que tanto querrías haber sido, decimos en cambio, no ahora, desde luego, por favor, espera, un momento antes de atacar, como todos, no antes, déjame asimilarlo, mamá estoy solo, seguiré tu herencia de abuso, seré la víctima vengadora:

« Mais il savait aussi que c’était probablement une impression fausse. Avant qu’il ait le temps de se jeter sur eux –avec cet instinct sûr, cet instinct de défense, cette vitalité facile qui faisait leur force inquiétante, ils se retourneraient sur lui et, d’un coup, il ne savait comment, l’assommeraient.»

« Tropismes » (1939), de Nathalie Sarraute, es la carne viva de la ficción, se dice tanto que no es el individuo el que escribe, Anna Ajmátova recibe dictado al oído, Marguerite Duras habla de movimientos interiores desconocidos, Rilke preconiza que no se debe escribir a menos que sea indispensable para la vida. Pero en el momento de la escritura, al revelar su fuero interno, hay un salto de regreso al mundo, el escritor utiliza de éste sus paradigmas lingüísticos, narrativos y descriptivos. En cambio, en Tropismos, Sarraute se detiene a la mitad del camino y cava para hallar la fuente intermedia, lo que no está dicho:

« Il sentait qu’à tout prix il fallait la redresser, l’apaiser, mais que seul quelqu’un doué d’une force surhumaine pourrait le faire, quelqu’un qui aurait le courage de rester en face d’elle ».

La materia prima de la manifestación de la mente, lo que hay entre el juicio puro y la significación volcada de regreso al mundo, puesta a la mejor distancia entre el trompe l’oeil conceptual, el palimpsesto perpetuo del género, de lo que se dice y por qué:

« Et bien ! Comment allez-vouz donc ? » il oserait cela. « Eh bien ! Comment vous portez-vous ? il oserait le lui dire –et puis il attendrait. Qu’elle parle, qu’elle agisse, qu’elle se révèle, que cela sorte, que cela éclate enfin –il n’en aurait pas peur.»

Es el paso entre el automatismo psíquico puro, en tanto que necesidad del inconsciente expresado, y lo que deriva del cerebro reptílico. Los tropismos representan una forma de adaptación fisiológica a las condiciones variables del medio. Esta adaptación es fundamental para las plantas, organismos que no pueden desplazarse.

Es vanguardia en el sentido de creer en la posibilidad de un alejamiento del yo en tanto que heredero de formas expresivas sentimentales, es el que las novedades formales se deriven de la investigación en vez de ser su punto de partida. Si lo que va a hablar no tiene voz, ¿dónde poner el punto de vista, el narrador, como caracterizar a los personajes? ¿Dónde comienzan y terminan el discurso, el texto, la anécdota?

El único indicio que nos permite (al revés de los cuentos populares, que excluyen por definición la noción de autor) situar los Tropismos en un tiempo y un espacio exteriores a su propia existencia, es el trabajo de análisis y clasificación de Sarraute, que se apersona, define que sus textos son prosa o poesía, que corresponden a una intención o al menos a una tentativa, terminación “ismos” incluida.

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viernes, 12 de noviembre de 2010

Costumbres del ojo 16┇El infierno y otros lugares de violencia simbólica



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Hay algunos lugares en los que he estado que existen en una realidad alternativa pero tan posible como la que privilegiamos todos los días. En esos lugares hay frío, calor, miedo, alegría, hambre, sed, dolor, amor, odio, tristeza, sabiduría, miseria y todo un espectro de emociones parecidas o distantes de aquéllas con las que estamos acostumbrados a convivir.

Sólo en raras ocasiones he estado allí, y sólo en muy raras ocasiones han sido lugares realmente alejados de mi mundo. Por lo general se trata de versiones un poco diferentes de mi ciudad, de mi casa y de mi vida. Pero son reales. Por eso es posible describirlos, por eso después de visitarlos el cuerpo duele, o la cabeza, o las emociones han sido alteradas, y la puerta de comunicación permanece abierta mientras dura su memoria. ¿Qué pasará con los lugares así que siempre recuerdo? ¿Se volverán algo más que ese recuerdo, cobrarán de nuevo vida? ¿O simplemente marcan mi vida actual y me hablan de ella?

Hay pocos de esos lugares a los que me gustaría volver: la mayoría son aterradores, contrarios a mi propia actitud neuróticamente preocupada por la justicia y la paz. Uno de los ellos se parecía mucho a la película “Tron”. Era un laberinto de luces de neón a través del cual yo corría en patines tratando de escapar de una bruja, y sabía que si la bruja lograba alcanzarme, me iría al infierno, pero si no lo hacía, me iría al cielo (aunque no sabía lo que había en esos dos lugares).

Otro de esos lugares es un departamento al que por fortuna nunca he vuelto. Se trataba de cuatro cuartos, cada uno comunicado por puertas con dos cuartos adyacentes, formando un cuadrado. Yo estaba en uno de los cuartos y un asesino trataba de entrar con un cuchillo enorme para matarme. Si lograba yo cerrar una de las puertas, él podía cruzar el tercer cuarto y llegar a la otra puerta, así que tenía que vigilar las dos. El asesino me acechaba con calma, con la certeza de su victoria, y se divertía mucho. Después de varios intentos logró entrar, pero yo salí de ese mundo y volví a éste, y no he vuelto nunca.

Ayer en cambio sí volví a un lugar conocido que podría describir con todo detalle. Es un edificio cuya entrada está en una zona envejecida de la ciudad de México. Ha sido remodelado de manera que parece casi lindo desde la entrada, pero en realidad es muy incómodo, lleno de escaleras peligrosas, mal moduladas, algunas añadidas recientemente y otras deplorablemente viejas. El edificio es fácil de recorrer, pero el cansancio del recorrido es desproporcionado. Tal vez sea así porque está en otro mundo, y el camino de ida y vuelta, que parece un abrir y cerrar de ojos, es en realidad de longitud desconocida.

A veces el recuerdo que me ha quedado de esos lugares es sobre todo sensorial. Uno era un mar nórdico que navegué a bordo de un clíper, por el que llegué, entre islas de pastos y abedules inundados, a una ciudad opaca y fría, toda de mármol blanco. Otro era un mundo de colores brillantes y tersos en el que no me importaría vivir.

¿Donde se encuentran estos lugares, cómo se llega a ellos, cómo se sale de ellos? Mi puerta de entrada son sueños extraordinariamente vívidos, pero la interpretación de los sueños, su inducción, su interpretación y las repercusiones culturales que tienen son un tema de estudio en esencia inabarcable.

Para los budistas, como para Sartre, esos lugares, que muchos llaman infierno, purgatorio o cielo, son proyecciones de nuestros estados mentales. Sin embargo, la interpretación científica, psicoanalítica o simbólica poco importa al momento de considerarlos reales. ¿Y quién dice que no lo son?

Los sentidos, engañosos como pueden ser, son nuestra ventana al mundo, pero también lo es la imaginación. ¿De qué otra manera puede la gente que nunca ha visto ni oído comunicarse con el resto de nosotros? La mente es poderosa y aterradora. Sólo espero que las puertas a los mundos abiertos por Lewis Carrol, por San Brandán, por Tarkovski y por todos los que se atreven a describirlos no sean vínculos permanentes a otros tantos infiernos.

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jueves, 21 de octubre de 2010

Costumbres del ojo 15┇Lo que tengo que decir sobre la repetición


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Esta semana brotó por generación espontánea una columna, una torre, una cascada, un ramalazo de palabras. Rotas. Líneas rotas. Ideas pobladas de aristas, esclavas de formas desconocidas que retoñan como brugos en los encinos. Exploración de la misma idea, reflejo. Iteración, reiteración.

Palabras reiteradas, fórmulas, números reiterados, abrazo, gesto, abrazo, gesto, reiteración, amnesia, reiteración, repetición, salto hacia atrás, reiterativo, pasivo agresivo: tartamudo, aterido, robotizado, astado, encumbrado, adamantino. Azalea azulenca, cerúlea.

Allá, desde allá, desde donde la línea es una llama, horizonte de expectativas, hacia adelante, leit motiv, la rosa se hace un pétalo continuo, helicoidal, desgastado, atrapado en un movimiento perpetuo, anquilosado, tocado por la muerte mecánica de los reflejos a la fuerza, asintomático, disimulado, argentino, campaña y cetro, asta, adiós a las alas oída, trampa tan aburrida.

Fuimos a la reiteración, y venimos. Brotamos desde el rizoma, aguerridos por el número áureo, párvulo infinito en el ruido del mar que se nombra, sugerido.

Padre, padre, padre, me angustian tus influencias, tus patrones asmáticos, irrespirables. Allende el axioma me adentro, en la cueva bajo el árbol, en el manglar. A punto estará del regreso, a flor de labios, ala, lila, loa, la carpa de plástico sobrevive sin aire en el librero, estática, sofocada, una vez más.

Imagen original de www.inmanencia.net

domingo, 17 de octubre de 2010

Costumbres del ojo 14┇ La fantasía de la Europa unida y la auto regulación de las democracias liberales


Hace un par de días me enteré en una conversación de que Margaret Thatcher y François Mitterrand le pidieron a Gorbachov que no permitiera la reunificación de Alemania. Esta postura de los dos jefes de estado es exactamente la contraria a la que se hizo pública durante el fin de la Guerra Fría y arroja nueva luz sobre viabilidad de la Unión Europea. La razón era que si las dos Alemanias volvían a ser una sola, ese país sería una nueva potencia, que eventualmente sería la mayor de Europa, como de hecho sucedió. La reunificación, según la revista Der Spiegel, estuvo condicionada a la renuncia al marco y la aceptación de una moneda europea.

La conversación de la que hablo era parte de una discusión permanente más amplia sobre la idea de que el modelo democrático liberal tiende a auto regularse en pro del bien común, y sobre la eficacia de esa regulación. Los puntos álgidos de ese proceso, y por lo tanto de la discusión, ocurren cuando se descubre información clasificada como la que cité.

Otra información que se dio a conocer recientemente es que entre 1946 y 1948 el Servicio de Salud Pública estadounidense infectó y propició la infección con sífilis y gonorrea de 696 personas en Guatemala para estudiar el mecanismo de la infección y la posibilidad de usar la penicilina como profilaxis contra esas enfermedades. La investigación de Susan Reverby, de la Universidad de Wellesley, hizo que el gobierno estadounidense pidiera perdón de manera oficial al gobierno de Guatemala.

Independientemente de los hechos, el punto central es que el descubrimiento de Susan Reverby fue llevada a cabo en una universidad estadounidense, y que la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, lejos de tratar de acallar la investigación, llamó personalmente a al presidente guatemalteco para pedirle perdón a Guatemala.

Si bien me parece excelente que en una sociedad transparente las atrocidades salgan eventualmente a la luz, es también cierto que el hecho de que salgan a la luz y se pida perdón o se castigue a los culpables no cambia el hecho de que en su momento fueran posibles y que alguien de un gobierno democrático ordenó o aprobó que se llevaran a cabo.

De la misma manera, el hecho de que pueda saberse que el presidente francés y la primera ministra británica trataron de impedir la reunificación de Alemania no hace sino destacar la contradicción entre el discurso político oficial y los hechos.

Lo primero que me pasó por la cabeza al hablar de este tema fue un cuento del escritor francés Alphonse Daudet titulado “La última lección”. El cuento narra, desde el recuerdo de un niño alsaciano, la última clase de francés antes de que Prusia impusiera el alemán como lengua oficial en Alsacia tras el Tratado de Frankfurt-am-Main de 1871, que devolvía esa provincia al dominio alemán.

El cuento invoca la nostalgia por la pérdida de un idioma natal (el francés), en una zona donde el protagonista es el pequeño Franz, y todos los otros personajes ostentan nombres alemanes. El relato se puede ver como una inteligente estrategia de manipulación nacionalista de Daudet (el cuento casi termina con la frase Vive la France!).

Un siglo y treinta y nueve años después, cuando se cuestionan acuerdos hechos en la ciudad alsaciana de Estrasburgo sobre la reunificación de Alemania, vale la pena revisar este cuento y las ideas y sentimientos que despiertan en el lector. El cuento destaca a la vez la estrecha conexión que existe entre las diferentes culturas que conforman la Unión Europea y la fragilidad esencial de esos mismos lazos a pesar de miles de años de historia común.

No sé si hay una moraleja o una lección en esta historia, por el contrario, yo tengo más preguntas. Tal vez desde la distancia las estrellas de la bandera de Europa brillan más que desde adentro. Después de todo, hace apenas unos años hubo una guerra de limpieza étnica en un país que parecía estar a una distancia segura de la OTAN y del Pacto de Varsovia.

El comentario de un historiador francés en el sitio Presseurop es que el gobierno alemán se está haciendo la víctima ahora que tras la crisis griega a Alemania le tocó salvar la economía europea.

Habrá que pensar mucho más, y leer más y discutir más. Por lo pronto los invito a leer al bloguero Pierre Sogol, que es quien me informa de todos estos temas, y conocer su polémico punto de vista en cuestiones políticas.

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Costumbres del ojo 13┇ Las palabras y la distancia relativa

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Las palabras y las cosas. Las palabras y lo que nombran. Tengo dos tareas de escritura para el mismo día y las dos tratan de las palabras y las cosas. La primera es esta columna y la segunda trata del cuarto vacío, pero para mí el cuarto vacío es, antes que cualquier otra cosa, el primer capítulo de la novela “Las cosas” del escritor francés Georges Perec. Curiosa manera de hablar del vacío: por medio de las cosas.

Vacío existencial, vacío de sentimientos y emociones. ¿O no? Hay un sentimiento prevaleciente en el vacío debajo o detrás de las cosas: el deseo. Las cosas, acomodadas en un orden perfecto, pero imaginario, nombran el deseo, y el deseo es ausencia, es decir, vacío. Pero las cosas, ¿existen o no existen sin alguien que las nombre? ¿Flotan en el mundo alrededor de nosotros? ¿O son una ilusión que se vuelve material sólo a medida que alguien (yo, tú) las nombra?

Esta vez, más que otras veces, tengo más preguntas (palabras, cosas) que nada. Las cosas nos eluden y las palabras son garfios que intentan alcanzarlas. ¿Qué cosa quiero decir con este galimatías? ¿Que a fin de cuentas las palabras son cosas y las cosas eluden sentimientos, pero a la vez los contienen, que son materiales y la vez inmateriales, que en ellas ocurre la verdadera y única transubstanciación (por mí) conocida? ¿O sea que las palabras, esas palabras que nos remiten a objetos que nos remiten a sentimientos son parte de un dogma religioso? Tal vez sí, tal vez no…

Que alguien me diga por favor en que versión de la Biblia se dice que en el principio era el verbo y luego todo lo demás desde allí derivado. Lo busqué en internet, que a fin de cuentas es mi cosa de elección, y mi mayor fuente de palabras, y me mandó directamente a una página de estudio filológico de la Biblia que se lleva a cabo para sustentar el estudio teológico.

¿O sea que las palabras siempre remiten a algo más? ¿No puedo leer a Ramón López Velarde y asombrarme y arrobarme de placer sólo porque mi poema favorito habla de las que “cruzan como botellas alambradas”? ¿Tengo que extender el alcance de esas palabras, que yo considero hermosas, hasta el mujerío mexicano y desde allí a la imagen de la patria como una mujer modosa de Zacatecas? ¿Y si soy extranjero, estadounidense, chino, venezolano, ruso? ¿Qué me añade ese contexto de la patria mexicana si no vivo en México?

Las palabras son garfios. Las palabras son objetos. Las palabras remiten a objetos. O los crean. Pero hacia qué objeto me manda la palabra “favor”. ¿Las acciones también son objetos? ¿Y si lo pido “por favor”? Ya no es un sentimiento, ni una acción, ni me da ninguna información… Híjole, tengo que revisar con urgencia mis apuntes de lingüística, y de filosofía, y de antropología, y la enciclopedia…

Por lo pronto me quedo con el recuerdo de un libro que está escrito con lo no dicho, lo que subyace a las palabras: la capa inmediatamente inferior a la pública, social, del ser humano. Sí, ya se. Se llama “Tropismos” y es de Nathalie Sarraute, escritora rusa afincada en Francia.

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Costumbres del ojo 12┇ La terrible resaca emocional de las fiestas


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La palabra en francés es “malaise”. Es la palabra que mejor suena para describir lo que me provocan las fiestas multitudinarias, la navidad, acción de gracias, las ocasiones en donde todos se reúnen para celebrar. Entiendo perfectamente que la gente se suicide, entiendo perfectamente que la gente se deprima, pues yo he estado allí, yo lo he vivido, yo soy parte de la masa sufriente y dolorosa sin amor, con la auto conmiseración acechando todo el tiempo.

Las fiestas del bicentenario me han dado la ocasión perfecta para sufrir mi soledad hasta el tope, y para volver a machacar las palabras amargadas de siempre: la nación es un peligro, la unidad nacional no existe, los actores que se ríen juntos y felices y corren por los campos y las ciudad y agitan banderas tricolores con alegría inusitadas son sólo eso: actores, gente pagada para fingir que siente algo que no siente.

Tal vez sólo es que no tengo amigos que me llamen y me inviten a compartir su vida, tal vez es que no siento que los mexicanos de verdad tengamos ganas de abrazarnos en la calle y aplaudir que seguimos siendo un “estado fallido” y toda la serie de lugares comunes de rigor que vienen a cuento (la pobreza, la mala calidad de la educación, la fractura social y racial que todavía nos carcome, la victoria tenaz de una delincuencia organizada que no deja de ser exitosa porque está en los huesos de este país).

Pero la verdad es que yo no tengo de qué quejarme, como no tienen de qué quejarse la mayoría de los lectores de esta columna (“— Hypocrite lecteur, — mon semblable, — mon frère!”) que sólo habla de libros y películas de arte, de cosas en las que sólo puede pensar la gente que no tiene hambre de verdad, esa hambre profunda y sistémica que termina nunca de saciarse.

Y a pesar de todo, los rusos, que son expertos en el arte del sufrimiento, tienen un dicho que reza que algunos sufren porque las perlas de su collar son muy chicas, y otros porque su sopa está muy agüada. Como quien dice, los ricos (y los rusos) también lloran.

Hace poco leí que las últimas investigaciones permiten suponer que Emily Dickinson no era rara, sino epiléptica, y probablemente, lesbiana. Vivió aislada la mayor parte de su vida, y en vez de amargarse, escribió versos:

Soy nadie. ¿Tú quién eres?
¿Eres tú también nadie?
Ya somos dos entonces. No lo digas:
lo contarían, sabes.

Qué tristeza ser alguien,
qué público: como una rana
decir el propio nombre junio entero
para una charca que admire.

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Costumbres del ojo 11┇ El deseo infinito como regla para contar en la novela Las cosas de Georges Perec


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Nos encontramos en un departamento vacío. Una mirada detallada, podríamos decir cinematográfica, guía el recorrido en un espacio donde no hay huellas de vida, sino únicamente objetos: “La mirada, primero, se deslizaría sobre la moqueta gris de un largo corredor, alto y estrecho”.

Los indicios de la voz que narra están disimulados, de modo que son las cosas mismas las que guían la mirada: “La segunda puerta descubriría un despacho […] de cada lado de la mesa, casi enfrente uno del otro, habría dos sillones de madera y cuero […] un sillón-club de cuero verde botella conduciría a los clasificadores metálicos”.

El espacio se construye con la perspectiva, de arriba abajo, de derecha a izquierda, con la precisión de un catálogo detalladísimo. Pero algo nos causa la sensación de imposibilidad, a pesar de que la descripción fue creada bajo los parámetros de una descripción realista, que se basa en la construcción de la ilusión de realidad.

Podemos identificar un departamento. La ilusión referencial se produce por el inventario de objetos presentes en la habitación y sus atributos de forma, color, etc. Más importante aún es el valor cultural y simbólico de las cosas, aun disimulado.

Los grabados, dibujos y fotografías mencionados disfrazan su verdadero valor bajo la forma de un comentario aparte: “—el San Jerónimo de Antonello de Messina, un detalle del Triunfo de San Jorge, una cárcel de Piranesi, un retrato de Ingres, un pequeño paisaje a pluma de Klee, una fotografía amarillenta de Renan en su gabinete de trabajo en el Colegio de Francia, un gran almacén de Steinberg, el Melanchthon de Cranach—”. El comentario nos informa del interés de los habitantes virtuales del departamento por el arte y la cultura en tanto que autoridades simbólicas, provechosas en términos de economía del poder.

Los campos lexicales propios del despacho, tales como las publicaciones, (libros, revistas, lomos de encuadernaciones) y los artículos de escritorio (lápices, clips, grapas, pinzas) se integran por su materialidad con el de la decoración para remitirnos al campo semántico de las condiciones materiales de la vida y de allí al deseo de obtenerlas.

Pero este deseo de riqueza es también un deseo de pertenencia contrariado por la soledad de la descripción. Esa soledad funciona entonces como una síntesis de los personajes y como una indicación de su destino posible: su perspectiva en el mundo es guiada por el deseo, deseo inagotable de cosas que simbolizan otros tantos valores y sentimientos, siempre fuera de su alcance, siempre distantes, siempre ajenas.

El rol del observador, entenderemos más adelante, corresponde a la imaginación de los personajes, aunque su punto de vista está expresado en la voz de un narrador invisible que describe un departamento que los personajes quisieran poseer. Los verbos se expresan de forma impersonal: “habría”, “se vendría”, “sería agradable…”

Hay también marcas de orientación temporal estrechamente unidas a ciertos objetos de la casa, y aun a seres vivos que no trascienden a la categoría de personajes, por ejemplo la presencia completamente instrumental de una mujer de la limpieza que “estaría allí cada mañana” y otros que marcan una tendencia narrativa en el interior de la descripción: “habría una cocina vasta y clara […] sería agradable venir y sentarse allí cada mañana, después de una ducha, a medio vestir todavía. […] Sería temprano: el comienzo de un largo día de mayo”.

Las marcas temporales nos remiten en la misma medida al humor de los personajes que a las relaciones con ideas del mundo más generales y lejanas que el lector puede descubrir: la mañana de mayo remite al topos medieval de la primavera, el temps clar, el tiempo de la juventud y el amor, y se vuelve evidente más adelante, cuando el narrador introduce a los personajes, una joven pareja en busca de la felicidad.

Durante todo el primer capítulo, el tiempo utilizado es el condicional, un tiempo que denota un futuro virtual que existe sólo en el deseo. Así, al final de la novela, cuando los personajes han alcanzado en alguna medida la posesión material de los objetos, esta no les produce satisfacción.

Para concluir el texto, Perec no nos da una explicación, en cambio nos ofrece una cita de Karl Marx que explica por qué el deseo no se extingue, sino que permanece: “No solo el resultado sino también el camino son parte de la verdad. La investigación de la verdad debe ser verdadera ella misma; la verdadera investigación es la verdad desplegada, cuyos miembros dislocados se unen en el resultado”.

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Costumbres del ojo 10 ┇ Nayar Rivera


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De frases hechas, inspiración y libertad


Una manera general pero precisa de entender la literatura es como una tensión entre lo que se ha dicho y lo que todavía está por decir. Esta concepción del arte poética está ligada con la teoría de la gramática generativa, que preconiza que el ser humano puede generar un número infinito de frases nuevas a partir de un número limitado de reglas y unidades fijados en su entendimiento.

Al relacionar de esta manera literatura y lenguaje afirmamos la herencia cultural como un elemento constitutivo básico de un modo de ser del lenguaje, a la vez que nos alejamos de la tentación de encontrar el valor de verdad o la esencia del arte en la literatura. A partir de ese punto, la cuestión es la manera en que se organiza cada palabra en la literatura, es decir, vamos de lo más sencillo a lo más complejo.

La palabra “danza”, por ejemplo, contiene en sí la idea de movimiento organizado, pero es a su vez una decisión tomada respecto a “baile”, una palabra menos “artística” (o pretenciosa). Al haber organización, se insinúa también la idea de voluntad, lo que nos guía a la vez en la dirección de la mente, que a su vez puede ser humana o supra humana, colectiva o divina. A partir de la elección de una simple palabra invocamos el mundo.

A “danza” podemos sumarle “la” y tenemos “la danza”, no “una danza”, “cualquier danza” o “mi danza”, sino la manera más general o universal de enunciar la danza. Después podemos ir más lejos y relacionar “la danza” con una palabra que proviene que otro entorno: “espadas”. Al sumarles “las” tenemos “las espadas” (otra categoría general). Finalmente tenemos “la danza de las espadas”, que abarca la idea de movimiento organizado, artístico y dirigido por la voluntad, ligado a una serie de instrumentos de guerra y muerte que a su vez deben ser deben ser empuñados y dirigidos en movimiento organizado.

“La danza de las espadas” se refiere a la batalla, pero a un tipo de batalla que podemos justificadamente asumir como una forma de arte; esta manera de referirse a una batalla proviene de Beowulf, un poema épico anglosajón que narra las proezas guerreras de un héroe. Pero “la danza de las espadas” no era un invento único de un autor poseído por la inspiración, sino una frase hecha, un tipo de metáfora, metonimia o epíteto conocido como “kenning”, típico de la poesía épica anglosajona.

Tenemos así “la casa de los pájaros” (el aire”), “la llama del fragor de los dardos” (la espada), “los destructores del hambre de las águilas” (el que permite a las águilas alimentarse, o sea, el guerrero) o “el camino del cisne” (el mar).

Estas frases servían al poeta que las recitaba de memoria tanto para recordarlo como para embellecerlo. Frases similares eran empleadas en un pasado anterior, por ejemplo, en la épica homérica (“la aurora de rosáceos dedos” es un buen ejemplo), así como en un pasado más reciente (los “espejos de alma”, es decir, los ojos, son una frase hecha del barroco francés).

En el extremo opuesto de esta manera de escribir estuvieron los “cadáveres exquisitos” de los surrealistas, textos de creación colectiva en los que cualquiera escribía lo primero que le pasaba por la cabeza. Sin embargo, en el mismo siglo XX que valoró tanto la renovación formal y la libertad encontramos voces radicalmente opuestas a la idea misma de la inspiración pura.

Raymond Queneau (el poeta francés que creó un libro de sonetos subdivididos que permite crear, por medio de su combinación, la friolera de cien mil millones de nuevos sonetos), abogó por una literatura controlada por leyes claras, pues para él, el poeta clásico francés que escribía sus tragedias bajo reglas claras que conocía era mucho más libre que el surrealista que escribía esclavizado por otras reglas que ignoraba.

Habrá que preguntarse entonces si debemos entonces la “la falda bajada hasta el huesito” a Ramón López Velarde o a la tradición católica criolla de su natal Zacatecas, y así sucesivamente con los nuevos poetas y sus creaciones.

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jueves, 14 de octubre de 2010

¿Ya terminó la Bella Época?


¿Ya terminó la Bella Época?

Una visita casual a la Librería Rosario Castellanos me hizo descubrir que, con sólo 4 años de vida, ya vivió tiempos mejores

La librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica es un lugar soleado, amplio, acogedor. Para mí, bellísimo y arquitectónicamente bien logrado. Mi segundo hogar. Siempre he planeado hacer allí la presentación de mi siguiente libro.

Allí se hizo la Primera Feria del Libro Independiente, a la que tuve el honor de ser invitado. Allí he pasado tardes enteras leyendo, estudiando, trabajando en mis textos. Esa experiencia no es sólo mía, muchos amigos y conocidos sienten lo mismo por ese lugar maravilloso que fue el resultado del rescate del viejo cine Bella Época.

Por todas esas razones me pareció increíble el estado actual de la administración del lugar cuando lo visité hace unos días. Tras pasar por los sensores antirrobo, el policía que cuida la puerta me exigió que dejara mis bolsas en los casilleros. Yo entiendo que el problema del robo hormiga puede afectar seriamente a la librería, sin embargo me pareció un poco extremo obligarme a optar entre dejar la bolsa contra mi voluntad o largarme.

Por si eso fuera poco, junto a los casilleros hay un letrero que señala que no se recomienda dejar allí computadoras y otros objetos valiosos pues la administración no se hace responsable por ellos. Al hacérselo notar al policía me dijo que sólo tenía que dejar la bolsa, que podía en cambio introducir mi computadora. Como si las bolsas no fueran para evitar la incomodidad de cargar en la mano la computadora, el cuaderno, la pluma, y los libros que traje para estar “cómodamente” instalado en el café.

Mientras dejaba mis cosas, un señor que salía fue detenido por otro policía que le pidió que se sacara los libros que llevaba guardados en el pantalón, junto a la espalda. El señor accedió a sacar lo que llevaba, un periódico usado, que difícilmente se puede confundir con un libro (que además habría detonado la alarma, supongo).

La política de vigilancia me pareció indignante, por lo que pregunté por el encargado para aclarar las cosas y me dijeron que se había retirado una hora antes, es decir a las 8 de la noche, aunque la librería cierra a las 11 y los policías hacen ronda hasta esa hora.

Con mis cosas a cuestas fui a revisar la sección de historia, para ver si tenían algún libro de historia de Inglaterra que necesitaba. Como no lo encontré por mi cuenta, me acerqué al módulo computarizado más cercano y me dirigí al empleado. Este buscó muy amablemente libros de historia de Inglaterra, de las islas británicas, de historia medieval y por ultimo de historia de Europa, sin éxito. Eso significa que el libro “El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II” de Fernand Braudel (editado por el Fondo de Cultura Económica), que acababa de ver en la estantería, no está clasificado en ninguna de las categorías mencionadas.

Dado que no podía adquirir ni revisar ningún libro del tema que me interesaba, decidí tomar un café y buscar en internet la información. En ese momento descubrí que para poder conectarme a internet no podía simplemente sentarme y pedir un café y la contraseña. Tenía que pagar el café antes de consumirlo (aunque la cafetería no es un mostrador en el cual uno recoge su café, sino una cafetería con un mesero que atiende las mesas), y luego ir a un módulo, con la computadora a cuestas, para pedir una clave individual que sólo sirve por dos horas. En los pasillos superiores de la librería, dos policías uniformados montaban guardia permanente.

¿Qué significa todo esto? Que hay una contradicción fundamental entre la razón de ser del centro cultural como punto de reunión, catalizador del conocimiento y la creatividad, y la política de administración y vigilancia que lo gobierna.

Cuando se anunció la apertura del centro, el gerente general del Fondo de Cultura Económica, Ricardo Nudelman, afirmó: "Es un espacio que no tiene separaciones, no hay muros, todo es abierto, con lugares de lectura donde la gente se podrá sentar a leer y nadie le va a cuestionar nada, o irá a comprar un libro o a encontrarse con los amigos y tomar un café, ver una película, escuchar música. Todos los muebles de la librería tienen ruedas y se podrán desplazar y cambiar la estructura de una sección, por si se quisiera abrir una espacio para que una persona lea su poesía o para un conjunto de cámara" (Clara Grande Paz, El Universal, Jueves 20 de abril de 2006).

En otra entrevista al mismo funcionario, concedida al Boletín de la Red Latinoamericana de Librerías, este aseguró que aun si no era posible, por obvias razones, tener siempre a la mano el libro solicitado, sí se debería en cambio “tener un librero capacitado, y un sistema eficiente que nos permita ubicar y conseguir el libro que nos piden y que no tenemos en el momento.”

Estas son las políticas que nos gustaría tener efectivamente en la librería más grande del Fondo, en este lugar que se sentía, hace tan poco tiempo, como un segundo hogar.

En un primer momento, la indignación puede hacernos pensar en boicotear la librería. Cuando subí por primera vez mis comentarios a Facebook y a Twitter, alguien sugirió dejar de ir a las librerías y denunciar “a esos ojetes”.

Sin embargo, yo no quiero dejar de ir a la librería, ni a la cafetería, ni dejar de reunirme allí con mis amigos. Los 33 millones de pesos que costó la compra y los 60 millones asignados para la remodelación del lugar salieron de nuestros impuestos, no de un inversionista privado. Este lugar, que no voy a dejar de visitar y de querer, es de todos, y lo que querría que cambiara es la política actual que lo gobierna.

Imagen en su contexto original

jueves, 16 de septiembre de 2010

Costumbres del ojo 9 ┇ El milagro de llegar y mantenerse


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El 27 de agosto cené en un restaurante blanco con sillas transparentes de Philippe Starck y un candil recamado de cristales sin luz. Era la primera vez que visitaba Falai, un restaurante italiano del Lower East Side y temí haber pedido demasiada comida: polenta con hígado de pollo, agnolotti de espinacas rellenas de ricotta, costillas y muslos de conejo con zanahorias y salsa de frambuesa y un raviolo de plátano acompañado con caviar de coco y lichi y “aire” de piña, llamado concretamente “Elementi”. Los platillos eran tan etéreos como la decoración, suculentos pero diminutos.

Era la penúltima parada de un largo festejo de cumpleaños, el penúltimo día de mi primer viaje de vacaciones a la ciudad de Nueva York, la primera vez que me convertí en uno más de los 47,5 millones de turistas que visitamos este año la ciudad más importante de los Estados Unidos.

Al salir caminamos por la calle Delancey hasta la calle Allen, y bajamos por ella hasta el East River, en la zona fronteriza entre un barrio chino que no deja de extenderse y una de las pocas zonas populares del sur de Manhattan, en donde todavía hay algunos “tenements” (edificios poblados por inmigrantes en donde el hacinamiento y la pobreza son la norma) y edificios de renta controlada de corte lecorbuseriano que se construyeron en los años de la posguerra, entre 1945 y 1965. La mayoría de las zonas de Manhattan son inalcanzablemente caras: en el East Village, la parte norte del Lower East Side que cambió de nombre para quitarle justamente el estigma de la pobreza de los inmigrantes, el precio promedio de un departamento era en 2008 de 828,144 USD.

Pero el objetivo de la caminata no era el mero paseo: íbamos a ver una pieza de danza-instalación de la coreógrafa canadiense afincada en Brooklyn Noemi Lafrance, titulada “Melt”, en el depósito de sal debajo del puente de Manhattan. Colgadas del muro, ocho sillas sostenían en el aire a sendas bailarinas vestidas con trajes de cera y lanolina a medio derretir. Un efecto excelso. La música y la iluminación hacían sinergia con el ruido del metro y los autos pasando sobre el puente y junto al río, “progressing in euphoria and exhaustion as if approaching the sun, melting until their souls escape their ephemeral bodies and disintegrate into light”.

La crítica del New York Times fue sin embargo despiadada: si bien la obra puede guiarnos a referencias tan evocativas como los mitos de Ícaro o Prometeo, el impacto de la belleza y el ingenio de la pieza se agotan en minutos y no queda sino preguntarse qué le tomó a la coreógrafa siete años de preparación para volverla una pieza más grande y larga.

Esta es la pregunta latente en las calles en transformación constante de Manhattan: ¿cuánto durará el verano del éxito, la vigencia de las oportunidades? Otro artículo reciente de la revista The Economist citaba al economista Robert Lucas diciendo que la aglomeración de talento es el motor de la economía. Eso explicaría las altísimas rentas de Manhattan, una ciudad que reúne a la crema del mundo. Esta aglomeración se explica por el número de oportunidades que se ofrecen: no es difícil llegar a Nueva York, presentarse en un foro, obtener apoyos para montar una obra. Lo difícil es tener el éxito constante y suficiente para poder mantener el ritmo de trabajo y un nivel de vida decoroso. Existe el "mes de Aullido", en el que cualquiera puede llegar y ponerse a recitar un fragmento del poema de Ginsberg. Sin embargo, Allen Ginsberg vivió en en el East Village en un departamentito minúsculo ubicado en un piso alto sin elevador. Annie Leibovitz, que llegó a ser considerada la fotógrafa mejor pagada del mundo, estuvo al borde de la quiebra y de perder los derechos de su obra producida y por producir.

Tal vez es por eso que la gente viene y va constantemente, o se pierde en el intento. la contraparte del éxito, es, obviamente, la deserción, la renuncia. El número de oportunidades abiertas parece casi directamente proporcional al número de fracasos finales. “Vita brevis” parece un buen lema para los habitantes creativos de Nueva York. Pero la esperanza es prima de la indolencia y sus versos favoritos son estos de John Donne:

“Ten más modestia, Muerte, aunque se te haya
erróneamente dicho poderosa
y temible; pues esos que has borrado
no mueren, pobre Muerte, incapaz hasta
de aniquilarme a mí”.

Por lo pronto, yo ya hice un libro en y sobre Nueva York: “El deshielo”; una apuesta todavía en el aire que tal vez me lleve de regreso a la corona de rascacielos, al código postal mágico donde los ingresos promedio superan los 100 mil dólares y los habitantes tiene en promedio la edad de Cristo al morir en la cruz, o me destierre inexorablemente del éxito.

Foto original de Nayar Rivera

Costumbres del ojo 8 ┇ Reencuentro con NYC

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"Se paró de puntitas frente al vagón del metro, escuchando atento la letanía dulce de anuncios que se sucedían con las estaciones. Del sur al norte viajaban los que iban a la ciudad asequible, a vivir la parte de su vida sin salario. En medio del mundo estaba un relicario nuevo de ladrillo y tablaroca, al sur los cañones de oficinas, los lechos secos de ríos de gente y coches, la tristeza de rocas cristalinas abandonadas por sus moradores diurnos."

Estoy curándome de Nueva York, de Atlanta, de San Francisco, de los Estados Unidos. Pocas cosas fueron tan difíciles como vivir en el desarraigo y tratar de escribirlo hurgando en la herida con la lente de aumento. Al negar que vivía en el exilio (pues era un exilio autoimpuesto), pasé por las ciudades desde lejos, detrás de una barrera dura y palpable.

Escribí un libro titulado "El deshielo", una serie de apuntes sobre los encuentros y vaivenes de la relación entre los Estados Unidos y México, que acabó siendo, sin yo saberlo, un libro sobre el desarraigo, sobre el exilio, sobre la invención del sentido.

Ahora que vine a NYC estrictamente de vacaciones (no a escribir, no a reordenar la realidad) la ciudad me es indiferente, anónima y amistosa. Gozo con pequeños detalles que solían estresarme y no me preocupa el lugar que ocupa mi efigie virtual en el orden de este mundo gigantesco, caótico, ajeno, que finalmente, con una sonrisa, ignora mi presencia.

Foto del metro

Costumbres del ojo 7 ┇ De la ilustración al cuento

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Mi cuento favorito es recurrente: "si reina un día fuera/ dijo la hermana primera/daría al mundo un festín/ que nunca tuviera fin". Es la hermana mayor de tres, la que acabará de cocinera en palacio. A la mediana le corresponde el taller real de hilados, mientras a la más joven le toca el papel irreprochable de ser la Madre, la creadora directa e indirecta de reyes y reinos mágicos, la esposa del Zar Saltán. Los versos que recuerdo desde la infancia están indisolublemente ligados a las ilustraciones. Las mejores son las de Víctor Vasnetsov e Iván Bilibin, dos maestros que tomaron elementos de la pintura realista rusa del siglo XIX para recrear el mundo terrible y maravilloso del folclor ruso.

Otro gran ilustrador de literatura fue Gustave Doré, pero las imágenes que creó son, para mí, las hermanas mayores de la verdadera generadora de magia (la literatura), mientras que las acuarelas de Bilibin compiten por el primer puesto con la Madre, como la Princesa Cisne del cuento del Zar Saltán, que recrea mundos mágicos aunque nunca deja satisfecho a su príncipe Guidón.

¿Son las ilustraciones las hermanas pobres de los cuadros, hermanas resentidas y celosas que nunca logran algo más allá que cumplir una función? ¿O son, por el contrario –como la arquitectura–, más nobles por el propósito mismo que les insufla vida? Lo pragmático, lo sublime, lo útil: todas ellas categorías evocadas por Fluxus en el manifesto de George Maciunas de 1966: "Exclusividad, Individualidad, Ambición... Trascendencia, Rareza, Inspiración, Habilidad, Complejidad, Profundidad, Grandeza, Valor Institucional y Mercantil". Lo que sirve para destronar al arte, sirve o no sirve para entronizar al diseño.

La charla preocupada desemboca en una pregunta: ¿es posible llevar por la calle un vestido de María Antonieta con la misma prestancia que es posible colgar un cuadro de Rembrandt en la sala de una casa? Tal vez resulta hoy más "artístico" usar el vestido de María Antonieta, reinstaurarlo como pieza dueña del Sentido, y llevar a Rembrandt a la guillotina.

Imagen de Bilibin para Valisila la hermosa

domingo, 12 de septiembre de 2010

Costumbres del ojo 6┇ De la belleza al amor y de la música a la poesía

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Música y poesía, Erato y Euterpe, son al poeta tan importantes como el cinturón de Afrodita que la hace irresistible, y con cuya ayuda logra transformar la belleza en el objeto del amor: "Gracia es la belleza de la forma bajo la influencia de la libertad, la belleza de los fenómenos determinados por la persona", afirmó Schiller. El amor llama a engaño por su propia naturaleza: el amante otorga al amado más de lo que recibe, y oculta así la pobreza del último.

Si la gracia es un favor que lo moral concede a lo sensible, entonces para cantar el amor debemos domeñar la pasión por medio de la dignidad y alcanzar así el punto en que la verdadera belleza (Truman Capote la describió como “fealdad conquistada”), la belleza ensalzada por la gracia, encuentre su lugar en el mundo sensible.

La poesía es hermana de la música, y sus recursos a veces se acercan. Pero si quisiera nombrar mis textos de acuerdo con mi manera de escribir, terminarían siendo “Polisíndeton alrededor de la idea de la belleza” o “Falacia retórica reducida al absurdo”, por eso, para hacer gala de ligereza, tantos artistas toman prestados términos artísticos vecinos.

Vivimos en el tiempo, y por él somos determinados: vivimos relatos, situaciones que comienzan, se desarrollan y terminan. De todos los relatos del mundo, el amor es uno de los más resistentes: tal vez porque más que cualquier otra historia humana, se rige por ciclos de duración aparente, y sólo por un esfuerzo consciente podemos hacer propia la historia primera. Roland Barthes coincidió en esto: el amor es una historia que se cumple, un programa que debe ser recorrido.

Las historias de amor acontecen en la música, creando la banda sonora de nuestras vidas: cuando nos devoramos completos [Delibes], cuando no nos importa que nos muerda un perro [Satie], cuando no importa que nos importe [Verdi], cuando nos rebasa la cursilería [Sakamoto].

Guns n’roses transformado por la reproducción digital en música aleatoria, en jirones. Zas, zambomba, zampoña, glissando, crescendo, meseta, clímax próximo [ ] lento de nuevo. Dijo Sabines: “los amorosos andan como locos/porque están solos, solos, solos”. Dijo ee. cummings: “(cccome? said he/ummm said she)/you’re divine! said he/ (you are Mine said she)”. Dijo el autor del cantar de los cantares: “Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; /Tus cabellos como manada de cabras”. Dijo Sylvia Plath: “Of your breath, the drenched grass/Smell of your sleeps, lilies, lilies”. Una novel poeta mexicana, Gloria Rodríguez Sayún, escribió: “en el mundo de afuera todo cambia/le da viruela al vidrio y los niños se empañan”.

El amor es un destierro fragmentado: convertidos en hijos de la tortura, chillamos, pateamos, cometemos alternativas. Acá nos entregamos, allá suplimos, acullá nos arrojamos en las fauces de los mitos. Ausentes de nuestras decisiones, algunos acotamos, otros nombramos, otros escuchan, otros cantan, encuentran nuevas claves para darle sentido a las pausas del cerebro.

Oficios de tinieblas pavorosos callan las noches y los días aciagos, arrancan de nosotros salidas en falso y falacias lógicas. Falacia del tipo post ergo propter hoc: porque ahora todo terminó, sé que no te amé nunca todo ese tiempo, yo, porque tú, luego entonces [ ] te conocí y reconocí, y nos gritamos, y usamos estas cajas de resonancia de piel dura para propósitos insalubres. Falacia por generalización precipitada: porque tú lo eres todo, todo nos maldijo [mentiras, todo eran mentiras, palabras al viento: fortissimo]. El arte de la catástrofe, susurra Barthes, me apacigua.

Imagen: Venus y Amor, Lucas Cranach el Jóven

La confesión de Ongina


La televisión estaba encendida. Amelia abrió los ojos, pesados y turbios, y se sintió abrumada por la luz de la pantalla, el ruido de las risas grabadas y el olor a colillas apagadas. Tenía los brazos entumidos por la posición en la que se quedó dormida y un intenso dolor en la parte baja de la espalda.


Trató de levantarse, pero se tambaleó y cayó de nuevo en el sofá. Cuando logró espabilarse y se incorporó, sintió el dolor que subía por su cuello hasta la piel del cráneo.


Frente a ella, un hombre de mediana edad anunciaba las bondades saludables de una máquina para hacer jugos de frutas y legumbres con todo y cáscara. La tele había sido siempre su refugio, un lugar donde contemplar vidas ajenas teñidas con colores vivos. El martes era el día de RuPaul’s Drag Race, un concurso de travestis que la transportaba a un mundo distante de fantasía y bromas sarcásticas pero inofensivas.


Le gustaba RuPaul y le divertía el efecto que el maquillaje, la ropa y la actitud podían lograr en el grupo que concursaba por ser The Next Drag Superstar. Los participantes usaban estrategias para vencer a los demás con sus tacones, vestidos, pelucas y gags, pero sobre todo con la idea que trataban de crear de sí mismos para las cámaras. Su drag queen favorita era Ongina, un chico asiático pequeño y dulce que usaba sombreros estrafalarios sobre su cabeza rapada.
Cada semana había un reto diferente, y esa semana había sido actuar en un comercial de la marca de maquillaje Viva Glam, que usaba la conciencia en la lucha contra el Sida como estrategia publicitaria. Nina Flowers, con su personaje de latina jacarandosa, y la voluptuosa diva africana Bibi Sahara Benet le hacían la vida difícil a Ongina, que salió airosa con su actitud de siempre, alegre y despreocupada. Cuando los jueces terminaron de ver su comercial, lleno de globos, risas y colores y RuPaul le anunció que era la ganadora, Ongina cayó de rodillas y rompió en llanto. “Ganar este reto tiene un significado especial para mí. Quiero decirles algo que no le he dicho a casi nadie, ni siquiera a mi familia. Llevo tres años de ser seropositivo, y hacer este comercial…”

A Amelia se le revolvió el estómago y no oyó nada más. VIH resonaba en sus oídos como una extraña tonada, una canción de Diamanda Galas en un concierto de Miley Cirus. VIH, un tiovivo de caballos disecados en una feria de pueblo. VIH, la serie aburrida de noches consolando a un hombre que de pronto no sabía si quería estar con ella porque la quería o porque la había obligado a ser su mejor amiga. VIH y su madre vieja sin seguro médico. Nunca se había hecho el test. ¿Para qué? ¿Qué iba a cambiar en su vida si lo sabía? Eran solo tres letras en el lugar y el momento menos oportunos. Se hizo una quesadilla, cambió de canal y se recostó en el sofá.

Imagen de Ongina en su contexto original

lunes, 6 de septiembre de 2010

Costumbres del ojo 5┇ Apuntes falsos de mi vida como nómada

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Wash me, wash me. Lávame, purifícame con hisopos. Hoy que la noche se cierne agorera, lava la muerte cierta. Desde luego, sólo planeamos a menor altura sobre la tierra, polvo eres y en un amasijo de hongos y bacterias te convertirás. Estreptococos, clamidias, estafilococos, gusanos, protozoarios, polvo vivo, nitrógeno eterno.

En México hay días malos y días peores. Estoy cansado, tengo insomnio, mi cuerpo no responde. Hago viajes de tres horas entre gente que parece tan dormida como yo, en transportes que se desmoronan apenas instalados. Me siento intoxicado, al borde de la anafilaxis, de la septicemia, de una crisis que terminará con mi cuerpo de manera fulminante. Recibo todos los días por Internet pensamientos positivos de Helen Keller, de George Bernard Shaw, de Thomas Carlyle. Como bálsamos eléctricos, esas muestras del peso de lo inmaterial a veces logran reconciliarme con el mundo, aunque sea por unos segundos. Luego vuelvo a sumergirme en el marasmo.

Hoy me dijeron que el 70 por ciento de los mexicanos experimenta una sensación de desasosiego o desánimo, y me pregunto si –junto a los anuncios publicitarios que promueven el nacionalismo con motivo del bicentenario–, ese puede ser considerarse un criterio de clasificación existencial.

A lo lejos brillan las luces de Diomira, la primera ciudad de la memoria descrita por Ítalo Calvino: “ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas en bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro, que canta todas las mañanas sobre una torre”. El gallo de oro vuela desde mi infancia a curarme a picotazos la hybris del destierro voluntario.

A lo lejos brilla la fuente dorada de Hércules frente al Palacio de Pedro el Grande, la pirámide de vidrio de Pei frente al Louvre, el edificio del parlamente de Kampala, el pilar de cristal de San Brandán, el desierto del Sahara marroquí descrito por Paul Bowles y la ciudad prohibida de Beijing filmada por Bertolucci.

Pero en el fondo todos los mitos son el mismo mito: estoy lejos, desterrado y feliz. Vivo en París en una buhardilla, me infecto de jazz y vanguardias heroicas. Vivo en el Village, soy vecino de David Bowie, de Philip Glass y la Princesa TNT, voy a cenar a La Côte Basque y me entero de primera mano de todos los chismes jugosos del mundo, conozco a todos los escritores, tomo cocteles con Maman y con Kiki, y con Mayakovski y con García Lorca y con Whitman y con Safo.

Estoy y no estoy en la colonia del Valle, en la Condesa, en la Roma, en Coyoacán, en el Centro Histórico, en el Ajusco, en la Juárez, en la Cuauhtémoc. Como Frida, me voy, borrachita me voy, para la capital. Como Diego, me voy, como Tamayo y Olga, como Tarkovski a escribir mi nostalgia, a cantar de lejos que bonita es mi tierra y el cielo donde he nacido, la ciudad de la hipérbole, la ciudad de los ojos, las loas a la posibilidad y al encanto de la representación de lo que no está más, ni ha estado nunca, ni estará.


Imagen: Untitled Film Stills # 21, Cindy Sherman, 1978.

domingo, 8 de agosto de 2010

Costumbres del ojo 4┇ Apuntes para una lectura analógica de Viernes o los limbos del Pacífico

(ver en Territorio Liberado)
1. Frente a un Ulises en el que el hipotexto funciona como metáfora, en Viernes o los limbos del Pacífico Michel Tournier retoma la anécdota del relato de Defoe, pero el nuevo Robinson Crusoe es un ser en busca de su identidad. Es “la destrucción de toda traza de civilización en un hombre sometido a la prueba decapante de una soledad inhumana”. La construcción de un orden civilizado tiene solo un carácter transitorio pero insuficiente para mostrar las etapas de construcción de una vida propia: “Entonces fue cuando una estatua de barro se animó a su vez y resbaló entre los juncos. Robinson no sabía ya cuanto tiempo hacía que había perdido su último harapo en las espinas del breñal. Por otra parte, ya no temía el ardor del sol porque una costra de excrementos secos cubría su espalda, sus flancos y sus muslos. Su barba y su pelo se entremezclaban y su pelo desaparecía en esa maraña hirsuta. Sus manos, convertidas en muñones ganchudos, no le servían más que para caminar, porque era presa de vértigo cada vez que trataba de ponerse en pie”.

2. Las huellas de la cultura, la permanencia del lenguaje, el marasmo del fango de la memoria, el anacronismo de la vida, el capital como sistema de aprehensión del mundo: “Compruebo hoy la locura y la maldad de los que calumnian esta institución divina: ¡el dinero! El dinero espiritualiza lo que toca otorgándole una dimensión a su vez racional –mensurable- y universal –puesto que un bien acuñado se vuelve virtualmente accesible a todos los hombres. La venalidad es una virtud cardenal. El hombre venal sabe hacer callar sus instintos homicidas y asociales –sentimiento del honor, amor propio, patriotismo, ambición política, fanatismo religioso, racismo- para no dejar hablar otra cosa que su propensión a la cooperación, su placer por los cambios fructíferos, su sentido de la solidaridad humana”.

3. La muerte de las falsas dicotomías, la traición entendida como libertad, la deconstrucción de la civilización, la fuerza del caos del falso demiurgo opuesta al orden natural, el sentido de la domesticación entendida como amor frente a la convivencia jerárquica en el rebaño y entre las especies, la negación, el tiempo “ciclofrénico” de continuidad indiferenciada de Urano, el tiempo “esquizofrénico” de aislamiento egocéntrico de Cronos y el reino luminoso y equilibrado de Júpiter (Calvino), la desintegración de los procesos civilizatorios: “Lo que cambia en el curso de un proceso civilizador es ante todo la pauta de su autorregulación del tiempo. Hoy en día el proceso de un modelo civilizador es bien conocido. Por ejemplo, se considera a veces punto central de este proceso un aumento y reforzamiento continuo de las autocoacciones. Pero esto da lugar a equívocos y no falta quien caiga en ellos. Ahora bien, tal interpretación de la teoría sugiere la idea de que en las sociedades más simples las autocoacciones o no existen o son débiles, y de que las descargas del afecto y del instinto tienen la misma intensidad en todos los ámbitos de la vida, cuando en realidad las actitudes sociales en sociedades más sencillas se caracterizan por ser desiguales y discontinuas. Así, en ciertas situaciones de la vida, las autocoacciones poseen una intensidad y una dureza sin parangón con los autocontroles socialmente inducidos de miembros de sociedades más desarrolladas. Y al contrario, en otras situaciones dejan vía libre a descargas instintuales y afectivas que por su fuerza y espontaneidad desbordan las pautas de conducta que se consideran aceptables en sociedades más desarrolladas”.

4. El reencuentro de la piel, la construcción de la melanina, la visibilidad de la sangre a través de las venas de la piel lechosa del brazo, la calidad arbórea del cuerpo, la tensión dinámica de las rodillas de Viernes estableciendo un dominio aparente sobre las fuerzas de la gravedad, de la inercia y de la pasividad, el reconocimiento de lo humano por la palpación del rostro, la piel que muestra una mecánica natural del cuerpo ante la mecánica humana de dominio de la naturaleza: “La pupila palpita bajo la acción variable de la luz, graduando exactamente su diámetro según la luminosidad ambiente, a fin de que la retina esté siempre igualmente impresionada. En la masa transparente del iris se anega una ínfima corola de plumas de vidrio, un rosetón intacto, infinitamente precioso y delicado. Robinson está fascinado por este órgano tan finamente compuesto, tan perfectamente nuevo y brillante. ¿Cómo semejante maravilla pudo ser incorporada a un ser tan grosero, ingrato y vulgar? Y si en ese preciso instante descubre por casualidad la pasmosa hermosura anatómica de los ojos de Viernes, ¿no debe preguntarse honestamente si el araucano no es íntegramente una adición de cosas igualmente admirables que él ignora nada más que por ceguera?
Robinson da vueltas y vueltas en sí mismo a esta pregunta. Por primera vez vislumbra nítidamente, bajo el zambo grosero y estúpido que lo irrita, la existencia posible de otro Viernes, -como ha sospechado hace tiempo, mucho antes de descubrir la gruta y la ladera, otra isla, escondida bajo la isla administrada”.

5. La piel voladora, la osamenta que canta, el arte sustituto del trabajo, el devenir continuo, el imperio del instante sin imposición, el descubrimiento de signos, la invención de signos, la desintegración de signos, la desinformación de la conciencia, la renovación del cuerpo: “Compartía con Viernes juegos y ejercicios que antiguamente habría juzgado incompatibles con su dignidad. Fue así que no se dio descanso hasta no aprender a caminar sobre las manos tan bien como el araucano”. “Soñaba con la metamorfosis de su cuerpo en una mano gigante cuyos cinco dedos serían cabeza, brazos y piernas”

6. El mito del eterno retorno, el eterno retorno de los mitos, la piel del mito superpuesta a la piel de la novela, el palimpsesto, el culto solar, el culto telúrico, la fornicación con la tierra, las mandrágoras blancas y rayadas y la barba que echa raíces, la sexualidad elemental (dirigida a un elemento) transformada en amores uranianos, en el nacimiento en el huevo de Leda de los gemelos unánimes frente a los mellizos pluránimes: “Son Dióscuros, seres caídos del cielo como meteoros, nacidos de una generación vertical, abrupta. Su padre, el sol, los bendice y su llama los envuelve y les confiere la eternidad” (p. 193). La divinidad como manifestación de la potencia de la vida, la prevalencia del ser sobre la verdad, la relatividad absoluta de las causas de la mente: “Robinson imaginaba sin cesar el diálogo que acabaría por oponerle a uno de esos hombres, el comandante, por ejemplo. “¿Para qué vives?”, le preguntaría. Evidentemente, Hunter no sabría que responder, y su único recurso sería entonces devolverle la pregunta al Solitario. Entonces Robinson le mostraría la tierra de Speranza con su mano izquierda, mientras su mano derecha se alzaría hacia el sol. Después de un momento de estupor, el comandante estallaría forzosamente en risas, con la risa de la locura ante la sabiduría, porque, ¿cómo concebiría él que el Astro Mayor es otra cosa que una llama gigantesca, que en él existe el espíritu y que tiene el poder de impregnar de eternidad a los seres que saben abrirse a él?”

7. El descubrimiento de la ironía, la risa incontenible de Viernes frente a la ballena de Jonás que no retrata su propia situación, el contenido de verdad como lo entiende Benjamin entrevisto en la escritura virtual de un ensayo sobre la obra de Michel Tournier, el camino del sentido, la devolución del lenguaje, la forma de la novela como estilo más allá del estilo, como sostén luminoso de lo permanente (Ionesco), la reverberación de la historia, de la fábula y del momento histórico de la leyenda del naufragio civilizado como la entendió Defoe, el reencuentro con la narración, la devolución del mito al flujo de la escritura, la voluntad de vida, de la constatación de los sentidos, la poética del agua, la recuperación del misterio, la fecundación del papel.

Hijo pródigo de la tradición narrativa occidental, Michel Tournier hace generación en los años setenta con Patrick Modiano y Jean-Marie Le Clézio. Aunque nació dos años antes que Michel Butor y dos años después que Alain Robe-Grillet (el 19 de diciembre de 1924), Tournier no teme reencontrarse con los viejos modelos narrativos atacados en el siglo XX. Filósofo, germanista, alumno de Lévi-Strauss, Tournier juega con mitos y relatos preexistentes a los que invierte el sentido, alternando entre lo fantástico y lo real, para insertarlos en el mundo actual.

Imagen: Mandrake. John Gerard (1545-1612) incorporated New World plants in his Herball, or Generall Historie of Plants, en su contexto, click

Costumbres del ojo 3┇ Tarkovski en la Zona

(ver en Territorio liberado)
"Stalker" es una gran película porque juega con las convenciones de los géneros cinematográficos, acumula imágenes y diálogos significativos en un ensayo visual de factura nunca antes vista.

Si reina un día fuera, dijo la hermana primera… Y se condujo del otro lado de la valla y las ametralladoras donde aguarda, pasmosa e inmaculada, la Zona, la cámara de los deseos, el país del sentido. La Zona se autogenera, está llena de trampas que cambian a cada instante, es el espacio de la irracionalidad donde imperan el deseo y la desconfianza. La luna se puso roja, dos hombres hablan de la desesperanza y el guía, en cambio, teme más por el sentido de sus vidas que por sus mismas vidas.

Estamos en presencia del Profesor y del Escritor, la ciencia y el arte, los dos grandes mitos del siglo XX. Y frente a ellos, junto a ellos, desapercibido hasta ahora, está uno que sólo roza los milagros, pero no pretende saber nada de ellos. No quiere nada, no busca entrar directamente al cuarto donde se cumplen los anhelos. En cambio, se mueve entre los mundos. Es un stalker, alguien que acecha, que merodea, uno que sabe más de la pausa y del silencio, que ve de cerca y también de lejos, que desconfía. Un perro negro y flaco, especie de retrato de Anubis (el dios que guía las almas de los muertos en la mitología egipcia), viene por él, se acurruca a su lado, lo guía hasta el inframundo y luego sale de él y extiende la Zona hacia el resto del mundo.

El filme empieza como una historia de acción realmente aburrida. Hay una Zona donde cayó hace tiempo un meteorito, una región vigilada, aislada, temida, abandonada a su suerte, y un guía que da nombre a la película: Stalker. Desde afuera se dice de él: ha estado en la cárcel, ha padecido la desgracia de ser adicto a la Zona, tiene una hija mutante. En Texas sería un caza recompensas, un sobreviviente, una especie de Woody Harrelson en un país de zombis post-apocalíptico.

Pero ese personaje, esa película, es sólo la puerta de entrada a la verdadera película, la que ocurre frente a nuestros ojos de la manera menos obvia, y que sólo por momentos explota en unos cuantos segundos: una serie de recipientes que brillan pálidamente entre los despojos, donde hay peces, piedras, pistolas, bombas, jeringas, bolsas, monedas, íconos, trapos, baldosas, restos de viejas máquinas, el agua que lo cubre todo dejando ver el fondo y el reflejo, lo visible y lo pertinente.

Andrei Tarkovski se eleva sobre toda discusión acerca del sentido, y lo expresa en un todo coherente y expansivo que estira al máximo la capacidad del cine de combinar la fuerza y la belleza de las imágenes fijas y en movimiento, las palabras, los objetos y seres retratados, logrando un nuevo producto artístico. Tarkovski logró así integrar los elementos múltiples de la que consideraba la más exigente de las artes. Aunque se decía enemigo de las categorías y los géneros, es precisamente en la mezcla de discursos distintos de diferentes niveles y géneros donde se evidencia más claramente su genio.

La suya es una obra abierta como la definió Umberto Eco, que permite la acumulación de capas de sentido y las lecturas correspondientes. Al no abandonar nunca verdaderamente las convenciones del género del cine fantástico, destacan más las elecciones realizadas para trascender el proceso de elaboración artística y cumplir con su propósito explícito: reflejar la vida en el arte.

Así había sucedido con "Solaris", filme que sin embargo no era de sus favoritos por su lado “comercial”. Pero a diferencia de esa cinta y de "El espejo", en donde aparentemente logra liberarse de toda constricción, "Stalker" se muestra redondo porque vuelve por momentos al punto de partida: de la escena en la cama con la niña dormida en un cuarto desvencijado pasamos a la Zona y de nuevo al cuarto, pero ahora vemos una nueva dimensión: el espacio aparentemente vacío y empobrecido se desborda en realidad de libros, de esperanzas y de fe. Lo dice el guía, y lo confirma a su manera su mujer, hablando directamente hacia el espectador. Por último, se confirma la profecía sorda del perro que sirve de mensajero entre los mundos: la niña, la hija del guía, ha heredado la vibración del tren y el poder de la zona, y aunque no puede caminar, es capaz, en cambio –en la mejor tradición de los hombres X–, de mover objetos con la fuerza de su voluntad.

Se me antoja usar esta película para hacer una asociación libre con el poema de Sylvia Plath Olmo. Clic aquí. En este otro enlace se pueden ver varias películas de Tarkovski, clic.

Imagen de "Stalker" en su contexto original.

Costumbres del ojo 2┇ Está entre nosotros

(Ver en Territorio liberado)
1. El miedo vive en un nicho oculto junto a nosotros, casi al alcance, pero intocable, imposible de definir. El miedo se alimenta de lo latente, corresponde a una realidad pasmosa que se tiende detrás de la superficie suave de las palabras, los gestos y las acciones. Es un sentimiento independiente, sin motivo previo, una construcción fina de la razón que desplaza e imita las potencias del cuerpo.

Encuentro el miedo en lugares inesperados, lejos de todo intento específico, de toda categoría (de hecho, exactamente un paso más allá de cualquier categoría). Virginia Woolf – al novelar un día de la vida sostenida con alfileres de la señora Dalloway, que se acerca peligrosamente a la del personaje suicida–, o Henry James –al narrar la turbación de personajes ambiguos y poco confiables–, encarnan en mi opinión el miedo de manera tan eficaz como los sociópatas de Patricia Highsmith o los terrores extraterrestres de Lovecraft.

De hecho, Lovecraft sabía que el peor miedo se encuentra en un punto más allá de lo tangible: “Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”. Visto de esta manera, el cuento más terrorífico jamás contado es “Casa tomada”, de Julio Cortázar, un relato en el que dos hermanos demasiado acostumbrados a sí mismos y a su vida en común deben dejar su casa sin saber apenas por qué, pero con una conciencia muy clara de la maraña que entreteje el horror: “-Han tomado esta parte- dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.” Ese cuento, paradigma de la literatura fantástica, se sustenta en lo inexplicable, lo incómodo. Recrea un mundo inaceptable pero indeterminado, encarnado en indicios, en palabras que son espejos: “El hombre que conoce la verdad ha comprendido que la ilusión es la realidad única y que la sustancia es la gran impostora”, escribió también Lovecraft.

Citaré por último un libro que me parece de un miedo atroz, "Tropismos", de la escritora francesa de origen ruso Nathalie Sarraute: “No podía escapar de ellos. No podía sino dirigir hacia ellos las dos caras lisas de sus mejillas, una después de la otra, para el beso”.

2. Nunca tuve tanto miedo como cuando descubrí que estoy obsesionado por el miedo. Una noche soñé que un asesino me perseguía por cuatro cuartos contiguos y comunicados entre sí. Sin prisa, con la conciencia previa de su triunfo, me perseguía sonriente, blandiendo un gran cuchillo. Desperté cuando estaba a punto de matarme. Lo peor es que desde entonces empecé una novela, escribí tres cuentos y un poema dedicados a la amenaza de la muerte violenta: “Ante la sobra del miedo que se almibara y perece, /Dame niña, tus primores, de ciervo y de huerto joven” escribí atento al asesino, y no a la víctima.

3. “El miedo es la anticipación del sufrimiento”, dice un banquero erudito citando involuntariamente al filósofo y científico francés Pierre Gassendi. Pero esta anticipación es también ilusoria, pues el sufrimiento nunca es directamente proporcional al miedo experimentado. La respuesta del cuerpo ante el miedo a la enfermedad o el despido laboral es la misma que sufre frente a un cocodrilo hambriento, o para el caso, frente a una rana o una lagartija.

Darwin equiparó el miedo a la sorpresa, que lo antecede. El hombre (o la mujer) que siente miedo incrementa su umbral de percepción, oye y ve con más intensidad, abre la boca, arquea las cejas. Se vuelve una estatua activa, que rehúye la acción y el contacto, pero se apresta a escapar. Cuando (en un capítulo de Astérix) los normandos bajaron hasta la Galia en un viaje de investigación para aprender a volar (pues el miedo da alas), encontraron al sobrino de Abraracurcix, Gudurix, lo vieron temblar y sudar frío, y llegaron a la mejor conclusión posible: el miedo es la gripe.

Obra: "Scylla the Six-headed monster" de Henry Justice Ford (1860-1941). Ilustrador británico.

jueves, 15 de julio de 2010

Costumbres del ojo 1/ Libro

(ver en Territorio liberado)
Artsy people. Ya no uso lentes, ¿será mi ambiente natural? Nomás escribir esto, sentí por qué se supone que los diarios sean privados. Pero, ¿será posible lograr escribir para uno y para los demás al mismo tiempo? ¿O tener suficiente materia para poder escribir un diario y además otras cosas, en las que la autobiografía esté presente de manera menos voluntaria y explícita? Una visita a una galería, una experiencia común y ya hay un pretexto para teorizar. Una cuestión que no sé si valga la pena. Vivir en la teoría. Vivir en la práctica.

Jamás pensé que llegaría a un punto tan banalmente definitivo. ¿Es posible escribir un libro autobiográfico que tenga como título secreto Mi vida, instrucciones en desuso y que sirva para algo más que su peso en papel? ¿Vale tanto la frase “anoréxica de clóset, prostituta por necesidad emocional” como la de Carlos Fuentes “Bastan tres palabras para describirla: Bebe. Fuma. Envejece”? A veces es una lucha entre decir yo y decir él, el lector desdoblado en el escritor más pertinaz, contumaz y perspicaz que alguien haya podido jamás nombrar. El yo pobre que descubre apenas la posibilidad de que el amor posible no esté desde el inicio a mi altura de gigante y de dedal y el yo que puja por ser el que lo escriba todo sin concesiones, sin excluirse a sí mismo.

A lo mejor, como dice Fuentes: “El artista sabe mejor. Su arte no refleja la realidad. La funda”. Entonces de nuevo quedo en el mismo principio y en el mismo dilema. Me creí vuelto a nacer porque era capaz de enriquecer la memoria, de enriquecer el lenguaje, de darme el lujo de ser un trompe-l’oeil mejor que la realidad, pero resulta que la riqueza no está en su exuberancia sino en su independencia. Pero eso le daría una nueva fuerza a toda la literatura de la difuminación, de la desaparición, de la vaguedad y la indeterminación, la que clama únicamente que la memoria es una foto desvaída, un retrato general de desconocidos y que los nombres se escapan y se alejan implacablemente del escritor como del lector. Una frase más de Carlos Fuentes Woolf: “¿No habían sido indispensables estas etapas, en sí tan dispensables, para acumular instantes de percepción aislados pero que, sumados, la estaban conduciendo a una nueva conciencia, aún vaga, aún brumosa, de las cosas?”.

Si el heroísmo no es un proyecto voluntario entonces no hay literatura heroica, entonces la vida puede ser una fantasía habitable. Aunque haya lágrimas en los ojos del escritor y esa sea la forma de conmover a su lector, hay una distancia infranqueable, pues la literatura siempre es un proyecto voluntario, aunque sea experiencia, aunque sea la manifestación de una vivencia intransferible por otro medio que no sea literario. Formas claras de enunciar el mundo. Vidas en cuatro idiomas, itinerarios de tres puntos. El verano, puedes jurarlo, no es igual en todas partes. Resuena verde el arándano, amarilla la mora, dorada la grosella, insípida parentela de bayas y moras fantasmales. ¿Dónde estaba Platón superpuesto a la papaya?

Aunque sea revolucionaria, aunque sea salvadora, aunque sea catártica. La literatura no es heroica. Aunque sea una respuesta febril, una forma de reconfigurarnos y reconfigurar la realidad a nuestro alrededor, es siempre una elección. Y el heroísmo, en realidad, no tiene elección. Allí está el futuro.


Ilustración "Castle Two Boots" de Sergey Tyukanov.